Convocada por el organismo no gubernamental Centro Jurídico Social de Ayuda al Consumidor, se realizó ayer una protesta pública contra MPeso, la empresa encargada de operar el nuevo sistema de pago de los pasajes en los buses de Managua por medio de tarjetas electrónicas, el cual está causando muchas molestias a los usuarios del transporte colectivo urbano.
Por su parte, la opositora Bancada Democrática Nicaragüense en la Asamblea Nacional, asumiendo su responsabilidad ante los ciudadanos que se sienten perjudicados por ese nuevo sistema, ha solicitado una investigación oficial de por qué se otorgó a MPeso la concesión para operar el servicio sin la licitación que manda la ley y aconseja la decencia administrativa, y por qué se le prohibe a los usuarios pagar con dinero efectivo
En realidad, el hecho de que los pasajes se paguen por medio de tarjetas electrónicas no es malo en sí mismo. Por el contrario, podría ser un paso hacia la modernización del transporte colectivo de Managua, que históricamente se ha caracterizado por el atraso, la inseguridad, la ineficiencia y la grosería en el trato a los usuarios.
Pero la modernización del transporte público colectivo, en Managua y en todo el país, tiene que hacerse ante todo en interés de los usuarios, no solo para el beneficio del gobierno —municipal o central— ni de una empresa privada a la cual se le ha otorgado graciosamente la concesión de explotar el nuevo sistema, sin antes comprobar si tenía la capacidad necesaria para prestar el servicio de manera eficiente y correcta.
El pago de los pasajes en el transporte colectivo por medio de tarjetas existe en muchos países y funciona razonablemente. Pero en todas partes este sistema es para abaratar el transporte y que los usuarios reciban de los proveedores públicos y privados, un servicio más eficiente y amable. Aquí, por el contrario, el cambio en el sistema de pago de los pasajes de los buses ha hecho el servicio más complicado y fastidioso para los usuarios.
Lo que pasa es que la introducción del sistema de pago por medio de tarjeta electrónica y la prohibición de que se siga pagando con dinero efectivo, no es para favorecer a los usuarios. Lo que se pretende es asegurar que la deuda por las unidades de buses facilitadas por el gobierno a los concesionarios del transporte colectivo de pasajeros en Managua, sean amortizadas debidamente. También se pretende evitar la fuga de dinero de los pasajes que manejan los operadores de los buses, y al mismo tiempo, facilitar que la empresa “amiga” encargada del sistema de tarjetas electrónicas obtenga jugosas ganancias.
Sin duda que es correcto que se quiera recuperar la inversión en los autobuses y evitar la fuga de ingresos por las malas cuentas en el dinero de los pasajes que pagan los usuarios. Pero esto no se debe lograr obligando a los usuarios a pagar solo con tarjetas, que evidentemente es un sistema que ni las autoridades públicas ni la empresa privada operadora tienen competencia para manejarlo.
Es justa, pues, la demanda de los usuarios de que se mantenga el sistema de pago en dinero por los pasajes en los buses, sin perjuicio de que gradualmente se vayan estableciendo las tarjetas y que se usen ambos sistemas a la vez. Pero al parecer esto es mucho pedir en un país como Nicaragua, donde los gobernantes, como dijera el gran poeta humorístico Gonzalo Rivas Novoa (GRN), lo bueno lo hacen muy mal y lo malo lo hacen muy bien.
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