“La elegancia y el estilo no tienen nada que ver con el dinero”, dijo la diseñadora de modas Carolina Herrera. Y saben, ella tiene toda la razón.
El verse bien es básicamente una cuestión de actitud, disposición y creatividad. No tiene nada que ver con el dinero, ni la moda. Todo está en el buen gusto que se tenga a la hora de escoger una pieza y formar un “outfit”
El buen gusto es inherente a la personalidad, pero aprenderlo no es imposible, y la clave para hacerlo es el buen vestir como un motor de arranque. Dejar que ambos trabajen en sinergia garantiza la más natural de las elegancias.
Si bien es cierto, hay personas que parecen haber nacido con la elegancia en la sangre, todo les sienta bien, cualquier pieza, por más sencilla que esta sea, adquiere un glamour desproporcionado en sus cuerpos. Pero aunque eso sea lo parece, la elegancia es un concepto subjetivo que se aprende y que puede obtenerse poniendo en práctica algunas sencillas premisas.
La ropa demasiado ajustada está muy lejos de ser elegante, es sexy para algunos, pero dejar que la ropa marque la musculatura o deje ver piel en exceso, discrepa con el concepto que promulga la discreción, sin ser aburrida y la buena talla como bandera.
Debe recordarse siempre que menos es más, y la cantidad de color, estampado, accesorios, textura, maquillaje y todo aquello que pueda considerarse demasiado no simpatiza mucho con la elegancia clásica. Lo que no significa que seguir las tendencias de moda que apuestan por todo lo alto a exagerar y saturar el look no puedan llevarse con elegancia.
El secreto está en saber hacerlo sin caer en lo “tacky”. El instinto, un segundo par de ojos y el buen análisis de analogías son las mejores armas para ello.
Y es ahí donde entra la actitud (la buena educación, etiqueta y protocolo de las cosas), la coherencia de lo que se viste con lo que se proyecta. La ropa no es lo único que evidencia si somos o no elegantes. El vocabulario que usamos es también muy importante cuando, pasada la primera prueba de la apariencia, debemos comunicarnos con otros.
Debe hablarse siempre en un tono de voz moderado, sin usar palabras vulgares y con respeto del interlocutor, durante una conversación.
Qué les parece amigos lectores si seguimos la conversación en Facebook o por Twitter @CarlosReneCruz.
Nos leemos el próximo jueves. Saludos.
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