Su extensa trayectoria artística le ha hecho ser catalogado como uno de los intérpretes más provocadores de la escena musical en los últimos treinta años, pero el cantante español ahora se define en su madurez como un “padre conservador” que no quiere oír hablar de escándalos y que prefiere disfrutar con calma de sus cuatro hijos y de los placeres de la vida contemplativa cuando se encierra en la intimidad de su hogar.
Esa dicotomía hace que el veterano músico asegure sin reservas que durante sus giras su personalidad se desdobla con frecuencia en dos personajes completamente opuestos, que luchan por entenderse y convivir juntos: Miguel (la persona) y Bosé (el artista).
Cuando se sube a los escenarios, Bosé da rienda suelta a su carácter transgresor y políticamente incorrecto para el disfrute de sus miles de admiradores, mientras que cuando está en casa Miguel exhibe su lado más tradicional y sobre todo la faceta paternal que ha desarrollado gracias a la llegada de sus cuatro hijos —el intérprete reveló la existencia de dos de ellos hace escasas semanas—.
“Miguel y Bosé son dos personajes que no se pueden soportar, pero que tampoco se separan porque están condenados a entenderse.
Bosé es un creativo, un explorador, aventurero e inquieto, que no tiene reglas y que nunca duda a la hora de dar un paso adelante. Miguel se comporta de forma totalmente diferente: lleva una vida conservadora y muy familiar, lejos de los titulares, con un huerto, un jardín y unos hijos. De hecho, ahora estoy en la cocina de mi casa dándoles la merienda”, se sinceró el polémico vocalista en el diario colombiano El Tiempo.
Miguel Bosé está orgulloso de su versatilidad y de la rapidez con la que puede cambiar de un personaje a otro cuando la ocasión lo requiere, por lo que no tiene miedo a que su controvertido legado musical se vea ahora atenuado por una vida familiar definida por la rutina más convencional.