Seth no podía creer lo que veía, aquel fanático sacerdote hundió su puñal en el corazón de la primera joven y, seguidamente, y cambiando de puñal, sacrificó a las otras dos doncellas. Sacó el corazón a cada una de las víctimas y levantándolos, gritaba: “Tlaloc, aquí tienes lo ofrecido, apiádate de nosotros”.
Y mientras la sangre de las doncellas corría por el piso del templo, despellejaba los cuerpos minuciosamente, colocándose la piel sobre la suya, una tras otra. Aquel espectáculo era algo inimaginable: el sacerdote, luciendo la piel de sus víctimas e inundado en sangre, bailaba mientras entonaba extraños cánticos. Los dos prisioneros fueron dejados en libertad y dejaron aquel lugar de muerte y se dirigieron hacia el palacio real y, entrando en aquel inmenso edificio estaban, cuando frente a ellos apareció la burbuja y Seth se lanzó de cabeza hacía ella, dejando al indio sin saber lo que pasaba.
En 1984 estudié Biología en la UNAN-Managua, pero por razones políticas, los sandinistas me negaron la matrícula en el segundo año, viendo truncada mi carrera. Siendo muy joven, vendía golosinas afuera de los cines de la ciudad y fui ayudante de albañil y de mecánica automotriz. Laboré para el Ministerio de Educación en 1984, renunciando a mi plaza por fuertes desavenencias con mis superiores.
En el 2000, incursioné en el periodismo, teniendo un programa de opinión en la televisión local, abriendo mi propio noticiero dos años más tarde. En 1995 gané el primer lugar en un certamen de poesía impulsado por la Alcaldía municipal, con el poema El Lamento del Bosque, ganándome un viaje a los Estados Unidos, continuando hasta la actualidad con mi producción poética.
En el 2002 publiqué mi primer libro (Entre Brumas), continuando con cuatro novelas ya publicadas en 2011, 2012 y 2013 respectivamente. Ellas son: El Hombre Sal, El Hombre Sal-Dos, La Tierra de los Diamantes y la más reciente, El Viajero, presentada en junio recién pasado. Hay dos novelas más que están listas para ser impresas: Palabra de Honor y La Presa.
También compongo canciones, las cuales arreglo. Actualmente me dedico a escribir y a atender una ventecita de repuestos para motocicletas que tenemos en familia.
[/doap_box]
Sintió el ya conocido movimiento de la burbuja, pero había algo diferente. Aquel viaje tardaba más que los anteriores y, cuando la burbuja se detuvo, salió de ella y aquella visión no le gustó nada: era su ciudad, solo que mucho más grande y cambiada. Sentía como si el corazón amenazara con salírsele del pecho al ver la calle central, en la cual se encontraba viendo la gente pasar. Pudo reconocer a algunas personas que en su tiempo eran menores que él y ahora eran viejos. Estaba seguro de que aquel hombre que caminaba por la acera de enfrente era Luis González, su amigo futbolista, que tal vez tendría ya ochenta y cinco años a juzgar por su apariencia y sintió un miedo jamás imaginado, temía saber lo que habría pasado con su familia y se negó a caminar hacia su casa.
Caminó en dirección al parque central y leyó lo que en una manta colocada de lado a lado de la calle se anunciaba: “Feliz año Nuevo 2040. Año de la Familia”. No podía creerlo, se encontraba en el futuro, treinta años adelante y se imaginó tantas cosas que a fuerza tendría que ver y aceptar. En ese momento vio algo que lo dejó helado: un letrero que indicaba el nombre de la avenida: “Avenida Seth Dietrich”. Ese era él, o algún pariente suyo a quien no conoció, pues en su tiempo, tenía dos hijos y ninguno llevaba su nombre. Tentado por la curiosidad, preguntó a un transeúnte:
—Disculpe, joven. ¿Me puede decir quién era Seth Dietrich?
—Claro, señor. Él fue un hombre muy dedicado a ayudar a los demás y aunque algunos piensan que era loco por asegurar que viajaba en el tiempo en una burbuja, él pudo probarlo. Desgraciadamente, de su último viaje no regresó.
No pudo evitarlo y decidió caminar hacia su casa y aunque el progreso lo había cambiado todo, podía reconocer muchas casas que se mantenían iguales. La catedral estaba igual que antes y el parque totalmente cambiado, la farmacia más grande de la ciudad a todas luces continuaba siéndolo y no resistió la tentación de entrar. Allá en el fondo, atendiendo en una moderna caja, estaba doña Ileana, una de los propietarias y que fuera su amiga. La observó con disimulo y se acercó.
ací en San Rafael del Norte, Jinotega, el 2 de octubre de 1951. Mis padres fueron Fausto Pineda y Socorro Úbeda. A la edad de 11 años la familia se trasladó a Jinotega en busca de un mejor porvenir. Terminé mis estudios de primaria en la Escuela Faustino Sarmiento, el bachillerato en el Instituto Benjamín Zeledón y me recibí de maestro en la Escuela Normal de Jinotega.
En 1984 estudié Biología en la UNAN-Managua, pero por razones políticas, los sandinistas me negaron la matrícula en el segundo año, viendo truncada mi carrera. Siendo muy joven, vendía golosinas afuera de los cines de la ciudad y fui ayudante de albañil y de mecánica automotriz. Laboré para el Ministerio de Educación en 1984, renunciando a mi plaza por fuertes desavenencias con mis superiores.
En el 2000, incursioné en el periodismo, teniendo un programa de opinión en la televisión local, abriendo mi propio noticiero dos años más tarde. En 1995 gané el primer lugar en un certamen de poesía impulsado por la Alcaldía municipal, con el poema El Lamento del Bosque , ganándome un viaje a los Estados Unidos, continuando hasta la actualidad con mi producción poética. En el 2002 publiqué mi primer libro ( Entre Brumas ), continuando con cuatro novelas ya publicadas en 2011, 2012 y 2013 respectivamente. Ellas son: El Hombre Sal, El Hombre Sal-Dos, La Tierra de los Diamantes y la más reciente, El Viajer o, presentada en junio recién pasado. Hay dos novelas más que están listas para ser impresas: Palabra de Honor y La Presa .
También compongo canciones, las cuales arreglo. Actualmente me dedico a escribir y a atender una ventecita de repuestos para motocicletas que tenemos en familia.
Ver en la versión impresa las páginas: 6 B



