Varios senadores y congresistas que ocupan posiciones de influencia y autoridad en el Gobierno estadounidense, han advertido que el país que dé asilo o refugio a Edward Snowden, se pondría en contra de Estados Unidos. Y añadieron que habría serias implicaciones políticas y económicas para el que lo hiciera.
El mensaje va para los países del Alba, incluyendo a Nicaragua, cuyo presidente inconstitucional Daniel Ortega declaró el viernes anterior su disposición de dar asilo a Snowden, quien es perseguido por la justicia de Estados Unidos por haber robado y divulgado información vital de seguridad nacional.
En realidad, independientemente de lo que cada quien piense acerca de Snowden por la revelación que hizo de la red de espionaje interno e internacional de Estados Unidos, inclusive en países que son sus amigos y aliados, el hecho es que de acuerdo con la ley estadounidense él ha atentado contra el sistema de seguridad nacional y prevención del terrorismo, y por tanto ha cometido un delito de extrema gravedad.
El mismo Snowden así lo reconoce en declaraciones que dio a la revista alemana Der Spiegel (El Espejo), las cuales fueron publicadas en Alemania y difundidas internacionalmente el fin de semana pasado. En esa entrevista, Snowden explica con detalles el funcionamiento del sistema de espionaje estadounidense y señala que los objetivos específicos son los foros de yihadistas, es decir, de los terroristas islámicos. Lo cual coincide con el argumento del Gobierno de Estados Unidos, de que ese espionaje no es para conocer la vida privada de las personas comunes y corrientes, sino para prevenir que no se vuelvan a cometer atentados terroristas como los del 11 de septiembre de 2001 y otros que han ocurrido en territorio estadounidense y también en Europa, África, Asia y América Latina.
Cualquier persona tiene derecho de estimar a Edward Snowden como un héroe de la libertad de expresión y cualquier gobernante izquierdista lo puede calificar como adalid de la lucha mundial contra el imperialismo. Sin embargo, para Estados Unidos Snowden solo es alguien que ha cometido un delito común de extrema gravedad. Y por lo consiguiente, es lógico que las autoridades estadounidenses consideren y traten como un gobierno hostil, al que le dé asilo o refugio a Snowden, tal como hace un par de días lo hicieron ver los congresistas y senadores estadounidenses.
A Nicaragua no le conviene que su Gobierno mantenga una actitud de hostilidad y provocación contra EE.UU., ni siquiera de manera retórica y mucho menos con actos agraviantes. Las relaciones de Nicaragua con Estados Unidos tienen que ser respetuosas y dignas, amistosas y de colaboración recíproca, igual que con cualquier otro país del mundo, grande o pequeño, débil o poderoso.
La prudencia y el sentido de responsabilidad aconsejan dejar a un lado la pasión ideológica y permanecer al margen de un asunto tan espinoso como este. Para todos los dictadores de Nicaragua (incluyendo a Daniel Ortega) que por la razón que fuese se enfrentaron a Estados Unidos en plan de enemigos, los resultados fueron desastrosos. Acoger a Snowden podría ser una trampa para Ortega, pero sería mejor que no cayera en ella porque las consecuencias las tendría que pagar el país entero.
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