La catástrofe del helicóptero que se estrelló el jueves de esta semana en el lago Xolotlán, con nueve altos oficiales y un funcionario financiero de la Fuerza Aérea del Ejército de Nicaragua a bordo, es una tragedia militar que enluta a toda la nación.
Los oficiales víctimas de esta terrible tragedia son: coronel piloto Manuel Antonio López García, jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea; coronel ingeniero Mario Alberto Jirón López, jefe de la base de reparaciones aéreas; coronel piloto Eugenio Enrique Alfaro, jefe de Operaciones y Planes de la Fuerza Aérea (quien pilotaba la aeronave siniestrada); teniente coronel Aldo Mauricio Herrera, jefe de la Sección de Armas, dirección de Operaciones y Planes del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea; teniente coronel Chester Porfirio Vargas, jefe de Sección de Inteligencia y Contrainteligencia de la Fuerza Aérea; teniente coronel Ildefonso Sánchez, jefe de Inspectoría Aérea; teniente coronel Francisco Corea, jefe de Sección de Personal y Cuadros de la Fuerza Aérea; Mayor Oscar Antonio Silva, técnico de Aviación; Soldado Osmar Antonio Acosta, chofer operador del Grupo de artillería antiaérea, y Christian López, contador financiero de la Fuerza Aérea.
No es frecuente que una institución militar de cualquier país del mundo sufra un golpe tan demoledor y doloroso como este. Esto no ocurre en condiciones de guerra y mucho menos en situación de paz y en cumplimiento de tareas ordinarias. Pero independientemente de cuál haya sido la causa del siniestro, lo primordial es que se trata de una tragedia que entristece a todos los nicaragüenses.
La Fuerza Aérea del Ejército de Nicaragua reconoce como día oficial de su fundación el 31 de julio de 1979. Hasta entonces había existido la Fuerza Aérea Nacional (FAN), la cual fue fundada en 1938, al comienzo de la dictadura somocista. O sea que son 75 años los que tiene de existencia la Fuerza Aérea de Nicaragua, sumando los periodos anterior y posterior a la revolución de 1979.
En la actualidad la Fuerza Aérea es un cuerpo muy respetado del Ejército de Nicaragua, el cual, a su vez, es la institución nacional que mejor ha podido resistir el socavamiento de la institucionalidad democrática que Daniel Ortega viene subvirtiendo desde que recuperó el poder, a principios de 2007.
Por mandato de la Constitución, artículo 95, el Ejército de Nicaragua está sometido a la autoridad personal de Daniel Ortega, aunque este sea un presidente ilegítimo porque se reeligió violando la prohibición constitucional expresa y mediante un fraude electoral. Pero a pesar de esa subordinación constitucional del Ejército a Daniel Ortega, la ciudadanía democrática abriga la esperanza de que la institución militar no volverá a ser un cuerpo partidista y represivo, como fue en el pasado, y que al retornar el país a la democracia republicana las Fuerzas Armadas recuperarán el exitoso proceso de profesionalización en el cual se comprometieron desde 1990 hasta 2006.
Precisamente por eso es que todos los nicaragüenses comparten el luto del Ejército de Nicaragua y su Fuerza Aérea ante la trágica muerte de sus diez miembros, a cuyos familiares hacemos llegar el sentimiento de pesar de LA PRENSA.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A