Big Brother o Gran Hermano se le llama al gobernante que espía y controla la vida de la gente, con el pretexto de que lo hace para garantizar la seguridad pública pero en realidad es para someter al pueblo y asegurarse su propia permanencia en el poder. Deviene esta denominación de Big Brother o Gran Hermano, de la novela de utopía perversa 1984, en la cual el famoso escritor británico George Orwell retrató literariamente a los regímenes totalitarios de su época y de todos los tiempos.
Ahora, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, es llamado Big Brother por grandes medios de comunicación de ese país, después de conocerse que hay un amplio sistema de espionaje gubernamental para controlar las llamadas telefónicas nacionales e internacionales de los estadounidenses, así como para interceptar servicios de internet y acceder a chats de audio y vídeo, fotografías, correos electrónicos y otros documentos de los usuarios estadounidenses.
Este escandaloso espionaje ha sido revelado por los periódicos The Guardian, de Inglaterra, y The Washington Post, de Estados Unidos, mediante la publicación de documentos secretos de la Agencia Nacional de Seguridad filtrados por Edward Snowden, un estadounidense experto en informática exmiembro de la CIA y de la agencia mencionada. Pero el mismo presidente Obama ha justificado el espionaje, con el argumento de que es para combatir el terrorismo y proteger a los estadounidenses de otros posibles ataques devastadores, como el del 11 de septiembre de 2001. Y asegura Obama que, en todo caso, no se ha invadido la libertad individual ni la intimidad de nadie, solo se ha conocido el tráfico de llamadas telefónicas y de comunicaciones en la red.
El debate sobre la libertad individual y los límites y restricciones que impone la necesidad de seguridad personal y nacional, no es de ahora, no comenzó a partir de los ataques terroristas contra las Torres Gemelas. Esta discusión viene desde la época de la fundación de los Estados Unidos. Alexander Hamilton, uno de los padres fundadores, al analizar esa contradicción entre libertad y seguridad escribió en la revista El Federalista, que “la seguridad contra los peligros externos es el más poderoso impulsor de la conducta nacional, y pasando el tiempo, hasta el amor a la libertad acaba por ceder a sus dictados… Para estar más seguras (las naciones y las personas) acaban por estar dispuestas a correr el riesgo de ser menos libres”, aseguró Hamilton.
Sin embargo, al menos hay que reconocer que en Estados Unidos —aunque el espionaje de los ciudadanos por parte del Gobierno sea odioso y repugne a la conciencia de la gente libre— se puede confiar que en realidad es para combatir al terrorismo y no para que el gobernante trate de perpetuarse en el poder.
En Nicaragua, por el contrario, el régimen de Daniel Ortega ha montado un extenso sistema de vigilancia y control de los nicaragüenses, utilizando todas las instituciones del Estado y organismos del partido oficialista que puedan servir para ese fin. Este control supuestamente es para combatir el narcotráfico y el lavado de dinero y con el fin de que Nicaragua sea o siga siendo el país más seguro de Centroamérica; pero en realidad, es para neutralizar toda oposición efectiva y tratar, Ortega, de quedarse por siempre en el poder.
Esa es la gran diferencia entre el Big Brother Obama, de Estados Unidos, y el Gran Hermano Ortega, de Nicaragua.
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