La Declaración Universal de los Derechos Humanos consagra en su artículo 8, que “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia”.
Esta Declaración fue proclamada por las Naciones Unidas y por tanto en todos sus países miembros debe de ser respetada y cumplida. Pero en la realidad no es así. En el informe sobre la situación de los derechos humanos en el mundo, que por mandato de ley el Departamento de Estado de Estados Unidos elabora y publica anualmente, se ha consignado que durante el año pasado la libertad religiosa encaró el mayor desafío a nivel global, ya que muchos gobiernos crearon “un clima de intolerancia” que provocó manifestaciones de odio religioso, en no pocos casos con consecuencias sangrientas y mortales.
En el informe estadounidense se señala que las acciones más frecuentes contra la libertad religiosa, actualmente, son el antisemitismo —o sea, el odio a la religión judía y hostilidad a quienes la profesan— y el anticristianismo, es decir, persecución a los cristianos por el hecho de ser tales. Pero el informe también menciona que, en ciertos países, “igualmente algunos grupos minoritarios de musulmanes sufren las mismas consecuencias al ser tachados de ‘heréticos o extranjeros’”.
Consigna asimismo el informe, que en la mayor parte de los países musulmanes, se ha dictado “un número creciente de leyes contra la apostasía y las blasfemias que usualmente violan las libertades religiosas y se aplican de manera discriminatoria”, sobre todo contra los cristianos.
En lo que se refiere a la persecución contra los cristianos, uno de los casos más dramáticos es el de Siria, acerca del cual publicamos el jueves de la semana pasada un artículo de Pablo Molina, miembro del Instituto Juan de Mariana de España. Molina, periodista profesional español, señala que en ese país árabe que está atrapado en una horrenda guerra civil, los templos y demás símbolos del cristianismo han sido arrasados por las fuerzas contendientes de ambos bandos. “La minoría cristiana en Siria está siendo aniquilada a pasos acelerados, por los unos y por los otros y ante la inacción de la comunidad internacional”, clama el periodista español.
En Nicaragua la libertad religiosa es respetada en términos generales, a pesar de que el régimen imperante es autoritario y violador de los derechos humanos, y no obstante los antecedentes de persecución contra la Iglesia católica por parte de la dictadura sandinista de los años ochenta. Pero hay algunos signos preocupantes, tales como la manipulación gubernamental del cristianismo, la eliminación del nombre de Dios en las monedas de cinco córdobas, el bloqueo en Aduanas de las donaciones externas destinadas a Cáritas y una solapada campaña mediática para fomentar la irreligiosidad en la sociedad.
“La libertad religiosa es la roca firme donde los derechos humanos se asientan sólidamente, ya que dicha libertad manifiesta de modo particular la dimensión trascendente de la persona humana y la absoluta inviolabilidad de su dignidad”, declaró el papa emérito Benedicto XVI. La libertad religiosa, agregamos nosotros, es uno de los valores más preciados de la humanidad que es necesario defender sin tregua ni descanso.
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