La justicia de Guatemala ha sentenciado a ochenta años de cárcel al exdictador militar de ese país, general retirado Efraín Ríos Montt, por los delitos de genocidio y crímenes de lesa humanidad. Se trata de una sentencia histórica para Guatemala y toda América Latina, porque es la primera vez que en esta región se condena a un expresidente por el delito de genocidio.
El general Ríos Montt tomó el poder el 23 de marzo de 1982, mediante un golpe militar de Estado que le propinó al general Romeo Lucas García, quien había alcanzado la presidencia de Guatemala por medio de elecciones. Ríos Montt gobernó con mano de hierro hasta el 8 de agosto de 1983, cuando fue derrocado por otro golpe militar que le asestó el general Oscar Mejía Víctores. Durante su régimen de apenas 17 meses, Ríos Montt reprimió con extrema brutalidad a la gente, sobre todo indígena, que apoyaba a las guerrillas comunistas de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), organización hermana del Frente Sandinista que con el apoyo de Cuba y la Unión Soviética pretendía tomar el poder, igual que en 1979 lo tomó en Nicaragua el FSLN.
Ríos Montt fue elegido como diputado en 1995 y llegó a ser presidente del Congreso. En 2003 intentó recuperar la presidencia de Guatemala, esa vez por medio de las elecciones, pero fue derrotado y relegado al tercer lugar de las votaciones.
En 1999 el general Ríos Montt fue acusado por la líder indígena izquierdista Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz de 1992, por los delitos de tortura, genocidio, detención ilegal y terrorismo de Estado. En esa ocasión, Menchú fue acompañada como codenunciantes por la Asociación Pro Derechos Humanos de España y el organismo internacional Centro por la Justicia y la Responsabilidad. Finalmente, 14 años después una juez guatemalteca declaró a Ríos Montt culpable de 15 masacres realizadas por patrullas del Ejército de Guatemala, en las cuales fueron asesinadas 1,771 personas indígenas de la etnia maya de los ixiles.
Independientemente de que se ha denunciado que en el juicio contra Ríos Montt se cometieron graves irregularidades judiciales, incluyendo la formulación incorrecta del cargo por genocidio, por lo cual la defensa del sentenciado apelará y demandará la anulación del proceso, es una gran cosa que se condene a un exdictador que cometió crímenes contra la población de su país, o “excesos de poder”, como el mismo Ríos Montt los calificó al negar durante el juicio que hubiese cometido genocidio.
En la turbulenta y trágica historia política de América Latina y el Caribe, son muy pocos los exdictadores que han sido condenados y encarcelados por sus crímenes: el argentino Jorge Rafael Videla, el chileno Augusto Pinochet y los uruguayos Gregorio Álvarez y Juan María Bordaberry. Y ahora el guatemalteco Efraín Ríos Montt quien es el primero sentenciado por genocidio.
Y está muy bien que se les haya condenado. Pero de la misma manera que se persigue y condena a los dictadores criminales de derecha, también se debe perseguir y condenar a los dictadores criminales de izquierda; a los cuales más bien se les aclama y reelige y a uno de ellos hasta lo han nombrado presidente de una comunidad de Estados de América Latina y el Caribe. La justicia para castigar a los dictadores no debe tener un doble rasero. Tan criminales son los de derecha como los de izquierda.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A