Amalia del Cid
Hay suficientes basureros, opina. “Lo que hace falta es educación”, pues a menudo le toca ver cómo la gente saca la mano por las ventanas de taxis y buses para arrojar bolsas y botellas a la calle. “¡Me repugna!”, dice.
Él es una de las excepciones. “La gente no entiende. Pueden estar a la orilla del basurero y tiran la bolsa al suelo”, lamenta.
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“Vivir bonito” en tierra firme puede parecer complicado; pero una misión todavía más ardua es “vivir limpio” en los buses y taxis que circulan por Managua. Hasta ahora, las campañas de “concienciación” de la municipalidad no son más que anécdotas de semáforo para muchos conductores del transporte público de la capital.
El martes pasado la Alcaldía de Managua entregó 11,000 bolsas biodegradables a igual número de taxistas, como parte de la campaña Vivir Bonito, con el fin de que los pasajeros dejen de tirar basura a la calle. Sin embargo, hay taxistas, como José Rocha, que consideran que una bolsa no puede ser la solución cuando el problema es la “falta de cultura”.
Durante un mes Rocha anduvo un depósito para la basura en su taxi y, según él, lo único que consiguió fue que los usuarios echaran “pañales usados y trapos con sangre” en ella. Por eso la quitó.
Otros taxistas, como Ismael Rodríguez y Manuel Rivera, son optimistas y opinan que la campaña municipal podría tener éxito. Lo malo es que a ellos nadie les ha dado bolsas. “En el semáforo me dijeron que no tirara basura por la ventana. Más nada”, se queja Rivera.
¿Y en los buses?
Tampoco han visto las 2,500 “bolsas ecológicas impermeables” que serían colocadas en al menos 705 buses de la capital, según anunció en febrero el secretario general de la comuna, Fidel Moreno.
“Nunca he visto esas bolsas”, asegura Mario Cruz, despachador de la ruta 123, de la cooperativa 22 de Octubre. Tampoco se han instalado en las unidades de la ruta 110 y 120 de la cooperativa Transportes Unidos, afirma un conductor que prefiere omitir su nombre.
Por ahora, los pasajeros siguen tirando basura a diestra y siniestra y alguien debe barrer el piso de los buses después de cada “vuelta”.
Hay suficientes basureros, opina. “Lo que hace falta es educación”, pues a menudo le toca ver cómo la gente saca la mano por las ventanas de taxis y buses para arrojar bolsas y botellas a la calle. “¡Me repugna!”, dice. Él es una de las excepciones. “La gente no entiende. Pueden estar a la orilla del basurero y tiran la bolsa al suelo”, lamenta.
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