En su intervención durante el acto realizado en Managua con motivo del Día Internacional de Conmemoración del Holocausto, el cónsul honorario de Israel en Managua, Arturo Vaughan, reclamó “¿Por qué tanto silencio?” ante las persecuciones religiosas que ocurren actualmente en diversos lugares del mundo.
El cónsul israelí no se refería solo a las persecuciones a judíos que hay todavía en ciertos países, bajo la cobertura del antisemitismo y el antisionismo. Se refería ante todo a las persecuciones que sufren los cristianos particularmente en los países islámicos o musulmanes.
En realidad, sus detractores acusan a menudo al cristianismo por los grandes crímenes cometidos en las épocas del tardío imperio romano (después que el cristianismo fue instituido como religión oficial), de las Cruzadas y la Inquisición. Crímenes que la Iglesia católica ha admitido y por los cuales Su Santidad Juan Pablo II, con toda humildad pidió perdón de manera oficial y pública. Eso no lo reconocen los detractores de la Iglesia, que también guardan silencio ante las muchas obras de solidaridad social y amor al prójimo que realizan en la época actual las iglesias cristianas, sobre todo la católica, en correspondencia con sus valores morales y en cumplimiento de sus deberes religiosos.
Y lo que es peor, se guarda silencio, como lo señaló el cónsul de Israel el domingo 27 de enero pasado, durante la conmemoración en Nicaragua del Holocausto judío, ante la persecución de tipo medieval que sufren en la actualidad alrededor de 200 millones de cristianos en más de 60 países, principalmente en los estados islámicos y algunos comunistas, como China continental y Corea del Norte.
Otro judío, el filósofo argentino Marcos Aguinis, escribió recientemente que a fines del siglo XX la población cristiana en los países del Medio Oriente se aproximaba al 20 por ciento, pero que se ha reducido a un cinco por ciento por las persecuciones de los extremistas musulmanes, que tratan de restaurar el estilo de vida de los tiempos de Mahoma, o sea de hace 14 siglos.
Sin embargo, en medio del gran silencio de las democracias occidentales ante las persecuciones contra los cristianos, se oye la suave pero sonora voz de protesta del papa católico romano, Benedicto XVI. Precisamente el 8 de enero de este año, hace menos de un mes, en el tradicional mensaje papal al cuerpo diplomático acreditado en el Vaticano, el líder de la Iglesia católica mundial volvió a denunciar los ataques contra la libertad religiosa. “En ocasiones se trata de la marginación de la religión en la vida social; en otros casos, de intolerancia o incluso de violencia contra personas, símbolos de identidad e instituciones religiosas. Se llega también al extremo de impedir a los creyentes, especialmente a los cristianos, contribuir al bien común a través de sus instituciones educativas y asistenciales”, expresó el santo padre de la cristiandad católica.
En realidad, como dijera valientemente, poniendo en riesgo su vida, el vicario de la iglesia de San Jorge en Bagdad, Irak, “el único lugar de Medio Oriente donde los cristianos están verdaderamente seguros es Israel”. Lo cual se debe a que Israel es el único Estado verdaderamente democrático que hay en esa región.
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