Editorial: Una cuestión de dignidad política
El alcalde electo de Ciudad Darío, Edgar Matamoros, tomó posesión ante el pueblo y de manera simbólica del cargo que en derecho le corresponde, porque en su condición de candidato opositor ganó la elección del 4 de noviembre pasado pero fue despojado mediante el fraude perpetrado por las autoridades de facto del poder electoral.
Tal como denunció la oposición con el respaldo de las copias de las actas de escrutinio, tanto en Ciudad Darío como en Nueva Guinea, Matiguás y otras circunscripciones electorales los candidatos opositores ganaron claramente la votación popular. Sin embargo, las alcaldías y la mayoría de los concejales de esos municipios se las adjudicó el Consejo Supremo Electoral al FSLN, porque son reductos históricos de la Contra y del liberalismo y para el proyecto estratégico de Daniel Ortega era indispensable quebrantar a esas fuerzas políticas que le impedían completar su dominio sobre toda la población.
En su discurso de investidura simbólica, el alcalde de Ciudad Darío que fue despojado por el poder electoral orteguista, declaró que la población democrática de ese municipio le está dando un ejemplo de dignidad a toda Nicaragua. Se refería el alcalde electo no solo a su toma de posesión simbólica y al rechazo popular a una Alcaldía que ha sido usurpada por el candidato oficialista derrotado en las urnas electorales, sino también al hecho de que los concejales de la oposición decidieron no integrarse a la corporación municipal, a pesar de que fueron elegidos legítimamente mediante el voto popular.
Sin duda que la actitud del alcalde y los concejales electos de Ciudad Darío es valiente, digna y admirable. Pero eso no significa que, en sentido contrario, los concejales de la oposición que han ocupado sus escaños en otros municipios, incluso donde también hubo denuncias de fraude electoral, sean personas indignas. Los concejales que se han posesionado de sus cargos fueron votados por los ciudadanos para que los representen y velen por sus intereses, de manera que no es correcto ni justo llamarlos zancudos o curuleros. En todo caso, lo que esperan y merecen los electores de esos concejales de oposición que han asumido sus cargos en los distintos municipios, es que los desempeñen con honestidad y eficiencia, o sea con dignidad.
En realidad, tan digna es la decisión del alcalde y los concejales electos de Ciudad Darío, de desempeñar en la calle y de manera simbólica el mandato que les dio el pueblo dariense, como también es digna la actitud de quienes, habiendo sido legítimamente elegidos por los ciudadanos de sus municipios, han decidido luchar por los intereses de sus electores y defender la democracia desde dentro de las corporaciones municipales; lo cual deben o deberían hacerlo igualmente en la calle, a través de una relación interactiva, abierta y permanente con la población de sus jurisdicciones municipales.
La lucha política cívica en defensa de los intereses populares y por la democracia, se puede y se debe librar en todos los escenarios en los que haya posibilidad de hacerlo. Pero por supuesto que la actitud del alcalde y los concejales opositores electos de Ciudad Darío es particular y ejemplarmente valiente, y merecían ser acompañados y respaldados por la dirigencia del PLI en su digna toma de posesión simbólica del domingo anterior.
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