Editorial: Rubén Darío y la nación intelectual de Nicaragua
Ayer 18 de enero se conmemoró el 146 aniversario del nacimiento de Rubén Darío y el Día Nacional del Escritor Nicaragüense, instituido por la Asamblea Nacional el 27 de octubre de 1994 precisamente en homenaje a ese gran poeta nicaragüense que es ícono y referente de la cultura y la identidad nacional.
Como casi todos los años, la conmemoración de este nuevo aniversario del natalicio de Rubén Darío fue precedida de una intensa discusión sobre la personalidad del poeta nacional. Pero Darío está mucho más allá de discusiones sobre sus características personales. Su gloria e inmortalidad deriva de su maravillosa obra poética que es conocida y admirada no solo en Nicaragua sino también en todo el mundo. Cabe mencionar al respecto el interesante dato de que el desaparecido profesional e intelectual de Masaya, doctor Nicolás Arrieta Sánchez, al regresar de un viaje a la lejana y exótica Asia Central que hizo en la década sesenta del siglo pasado, escribió que en la biblioteca central de Dushambé, capital de Tadzhikistán, había encontrado un libro de poemas escogidos de Rubén Darío, traducidos al idioma tadzhiko. Lo cual demuestra o confirma la universalidad de la obra dariana.
En realidad, Rubén Darío es un símbolo cultural y una personalidad histórica que identifica y une a su alrededor a todos los nicaragüenses (o casi todos, pues siempre hay excepciones), por la extraordinaria belleza y vigor de su poesía y de su prosa, por su incomparable genio creativo, por la musicalidad de su verso y la modernización y enriquecimiento del idioma que lo hizo acreedor al título honorífico de Príncipe de las Letras Castellanas.
Es honroso para Nicaragua que su símbolo nacional sea un poeta genial como Rubén Darío. Otro insigne poeta nicaragüense, Pablo Antonio Cuadra (PAC), escribió en su ensayo La América de los poetas que según el historiador británico Paul Jonhson, cuando el general francés Charles Degaulle hablaba de Europa, “no se refería a sus hechos guerreros o a las victorias militares, sino a los poetas: Europa era Dante, Cervantes, Shakespeare, Goethe, Chateaubriand. De América puede decirse lo mismo”, aseguró PAC. Y agregó que “Las realizaciones de la espada, cuando han sido gloriosas, solo han significado en el cultivo de la cultura la preparación de la tierra (limpiar y demarcar el campo); pero la efectiva labor triptolémica que diría Rubén Darío (el encuentro del maíz y el trigo, la fusión de las culturas indias y la cultura occidental, esa civilización nueva todavía constituyente), la siembran y la definen sus poetas y pensadores ” Ellos, los poetas y pensadores, sostiene PAC con irrefutable certeza, “son las naciones intelectuales, los contenidos del Continente, las repúblicas poéticas, nuestra otra orilla andina de altas creaciones que vertebra nuestra América”.
Por eso expresamos nuestro reconocimiento a la gloria imperecedera de Rubén Darío y nuestro respeto a los poetas y escritores nicaragüenses, particularmente a aquellos que de verdad son nación intelectual porque crean y defienden la cultura de la libertad.
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