En sus impactantes declaraciones para el diario LA PRENSA, publicadas el domingo 30 de diciembre pasado, monseñor Silvio Báez se refirió a las dádivas económicas del Gobierno a algunos sacerdotes católicos, para convertirlos en instrumentos del poder político.
El obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua también habló de la religiosidad aparente de los actuales gobernantes, quienes, según el prelado, a veces hasta se presentan como si fueran “más iglesia que la Iglesia”. Y llamó la atención el obispo hacia el hecho significativo de que, en su ruidosa religiosidad aparente, el régimen orteguista no hace ninguna alusión a la cruz, a la imagen de Cristo crucificado, lo cual se debe, advierte monseñor Báez, a que “el crucifijo pone en crisis el poder”.
Seguramente hay personas que creen en la supuesta religiosidad de los gobernantes Ortega Murillo, o que al menos les dan el beneficio de la duda en el sentido de que podrían haber experimentado una conversión religiosa. Pero la conversión es un acto personal de fe que se manifiesta de manera humilde y callada, hacia adentro del individuo, no hacia afuera y mucho menos como una aparatosa proyección mediática en la plaza pública y hacia las masas, con un evidente interés de poder político.
En realidad, no es religiosidad sino manipulación de los símbolos religiosos cristianos, lo que hace y demuestra el régimen orteguista todo el tiempo y sobre todo en el período de Navidad. Incluso el régimen orteguista prolonga el ambiente público seudo navideño todo el año, con la presencia permanente de supuestos árboles de Navidad que tienen otra simbología, más bien pagana y esotérica.
Precisamente al culto al árbol que es promovido por el régimen orteguista y especialmente por la señora Rosario Murillo, se refirió monseñor Báez en sus declaraciones a LA PRENSA del 30 de diciembre pasado. “El árbol, por ejemplo; en muchas religiones naturalistas, cósmicas, que no son religiones histórico proféticas como la cristiana, la judeocristiana, el árbol es un símbolo religioso. El árbol es un signo de la tierra que produce poder y eleva algo hacia arriba, y Managua está llena de árboles todo el año, y árboles llenos de luz. Hay un sincretismo religioso escandaloso”, aseguró el obispo de la Iglesia católica.
Pero hay más. Antonio Gramsci, fundador del Partido Comunista de Italia y seguramente el teórico marxista más inteligente, a nivel internacional, después del ruso Vladímir Ilich Uliánov, alias Lenin, advirtió en su obra Los cuadernos de la cárcel , que el poder no se ejerce —y el partido revolucionario no debería ejercerlo— apoyado únicamente en los cuerpos y los procedimientos represivos. El poder, señaló Gramsci, se ejerce principalmente a través de la “hegemonía cultural”, la cual se logra mediante el control del sistema educativo, de los medios de comunicación y de las instituciones religiosas.
Es probable que las teorías de Gramsci sean conocidas al menos por la señora Murillo, quien es la componente intelectual del binomio gobernante. Y seguramente eso es lo que explica la vehemencia con la que el orteguismo controla precisamente los aparatos de educación y comunicación, y manosea las instituciones religiosas.
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