La sociedad y las autoridades de Estados Unidos deberían aprender de la terrible tragedia de Newtown, que ha llegado el momento de poner fin a la libre adquisición y uso de armas de fuego, inclusive de gran potencia, que se deriva de la interpretación subjetiva de una norma constitucional que fue adoptada hace 221 años, cuando ese país y el mundo eran muy diferentes que como son ahora.
Por lo que se ha sabido, Adam Lanza, el monstruo de 20 años que el viernes 14 de diciembre corriente acribilló y asesinó a balazos a 20 niñas y niños de 6 y 7 años de edad, en una escuela primaria de la ciudad de Newtown, en el estado de Conneticut, y a seis personas adultas incluyendo a su propia madre, para luego suicidarse, padecía de una perturbación mental que le provocó la salvaje compulsión asesina. Pero, ¿habrían sido tan horrendas las consecuencias de ese impulso homicida, si Lanza no hubiera tenido a su disposición cinco armas de fuego, incluyendo un potente rifle semiautomático, que fueron adquiridas libremente por su propia madre?
El mismo día que ocurrió la matanza herodiana de Newtown, también en la lejana China, en una pequeña localidad llamada Xinyang, otro criminal atacó con un cuchillo e hirió a 22 niños y un adulto. Este atentado, igual que el de Newtown ocurrió en una escuela de primaria y fue perpetrado por un hombre llamado Min Yingiun, quien también padece graves trastornos mentales.
Es fácil suponer que si Min Yingiun hubiera tenido a mano una o algunas armas de fuego como las que usó Adam Lanza, en vez de un simple cuchillo, el resultado de su ataque contra los niños escolares de Xinyang hubiera sido tan terrible como el de Newtown. En realidad, si bien es cierto que ambos atentados fueron ejecutados por individuos con perturbaciones mentales y en escuelas primarias de pequeñas localidades de provincia, la diferencia radica en que el asesino estadounidense usó armas de fuego de gran poder que en Estados Unidos es legal y fácil adquirirlas, mientras que el criminal chino solo pudo usar un cuchillo porque en China es prohibido que personas particulares posean pistolas o rifles.
Por cierto que en China, lo mismo que en Estados Unidos, ocurren con frecuencia agresiones criminales a escolares. En la primavera del año pasado, por ejemplo, veinte niños resultaron muertos y unos ochenta fueron heridos en agresiones armadas ocurridas en escuelas. Seguramente el saldo de muertos habría sido mucho mayor, si los criminales hubieran conseguido armas de fuego con la facilidad como se obtienen en EE. UU.
Sin duda que no es fácil adoptar medidas legales y prácticas contra la libre posesión de armas en Estados Unidos, pues la Constitución garantiza esa libertad. Además, los crímenes de toda clase seguirán ocurriendo aunque se prohíba la adquisición de armas de fuego. Pero la seguridad de la vida humana está por encima de una norma legal que fácilmente puede ser cambiada, o regulada, y las consecuencias funestas de los atentados serían menores si los psicópatas se ven obligados a usar solo armas rústicas, como el chino de Xin Yang.
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