Editorial: La politización de todas las cosas
Con este título, el escritor mexicano Enrique Krauze, quien es considerado como el heredero intelectual de Octavio Paz y de vez en cuando es huésped de las páginas de Opinión de LA PRENSA, publicó un interesante artículo en la última edición de la revista Letras Libres, que se puede leer libremente en internet.
En su artículo Krauze se refiere al fenómeno que ocurre en México y a nivel internacional, incluyendo a Nicaragua, del predominio de la política sobre otros temas de interés público. “Frente a la política —dice el escritor mexicano—, se desvanecen las otras esferas de la vida: los problemas sociales, los temas de salud y la enfermedad, la ecología y la naturaleza, las cuestiones de religión y fe, las manifestaciones del arte, las letras y el pensamiento, las finanzas y los negocios, las iniciativas ciudadanas, la ciencia y la tecnología, las migraciones y el mundo exterior casi todo salvo el deporte y la cultura del espectáculo”.
Anota Krauze que el fenómeno de politización de todas las cosas “empobrece a quienes lo ejercen y lo consumen: día con día hay hechos ajenos a la política, más importantes, influyentes o trascendentes que los hechos políticos”. Agrega que de esa manera la política se desnaturaliza y degenera en politiquería, pero advierte que “criticar la politización de todas las cosas no significa llamar a la despolitización. No se trata de dejar la política solo en manos de los políticos”.
En términos generales es cierto lo que dice Enrique Krauze. Pero el problema real no es la politización en los medios de comunicación social, los que para ganar audiencias o para no perderlas más bien tienen que ofrecer una amplia variedad de información y comentarios sobre los más diversos temas de interés público, nacional e internacional.
El escritor mexicano no lo menciona en su artículo, tal vez porque no es el caso de México, pero en Nicaragua la politización más perversa y dañina es la de las instituciones del Estado y el Gobierno, que por su naturaleza y funciones deben ser independientes, imparciales, apolíticas y apartidistas, pero no lo son.
En Nicaragua se ha politizado y partidarizado prácticamente toda la función pública: la organización electoral, la administración de justicia, la interpretación de la Constitución y la aplicación de la Ley, la acción policial, la educación y la salud pública, la recaudación de impuestos, etc. Es muy rara la institución o la función gubernamental y estatal que esté libre del mal de la politización, la partidarización y el sectarismo. Solo una institución no ha sido todavía politizada y partidarizada, y evidentemente no por falta de ganas e interés del caudillo autocrático gobernante, sino porque todavía no lo ha podido hacer. Nos referimos obviamente al Ejército de Nicaragua.
De manera que la despolitización de las instituciones y del servicio público, es un objetivo democrático que se debe alcanzar en un futuro que ojalá no esté tan lejano.
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