Se está celebrando en estos días en más de 125 países del mundo, incluyendo a Nicaragua, la Semana Global del Emprendimiento. Este evento de dimensión universal es auspiciado por la Fundación Kauffman, una institución no gubernamental estadounidense que promueve el espíritu de innovación y emprendimiento entre los jóvenes de todo el mundo.
Ewing Marion Kauffman fue un ciudadano y empresario estadounidense ejemplar. Comenzó su carrera laboral desde muy abajo, como vendedor de medicinas, pero pronto montó su propio laboratorio farmacéutico en el sótano de su casa. Al cabo de algún tiempo Kauffman tenía una gran empresa con más de 1,400 empleados permanentes y facturación arriba de 1,000 millones de dólares anuales. La prosperidad de Kauffman siguió aumentando y a finales de los años sesenta del siglo pasado se convirtió en propietario del equipo de beisbol de grandes ligas Reales de Kansas City, al que convirtió en un modelo de franquicia deportiva que llenó de orgullo a los habitantes de esa gran ciudad del estado de Misuri. Kauffman falleció en 1993 pero antes creó una fundación para ayudar a los jóvenes a alcanzar su máximo potencial, por medio de la educación y el espíritu empresarial.
En Nicaragua, el Movimiento de Emprendedores Juveniles fue creado en 1991 por el Instituto Nicaragüense de Desarrollo (Inde), perteneciente al Cosep, precisamente con ese objetivo de promover el emprendimiento entre los jóvenes y fomentar en ellos el espíritu empresarial, que son condiciones indispensables para que las personas se conviertan en motores de su propio progreso y lo irradien en su medio social.
En países como Nicaragua, donde la cultura de la autonomía y la confianza individual es muy débil, y el poder público estimula en la sociedad el deformante sentido de la dependencia estatal, porque eso es lo que conviene a su interés de perpetuación, es difícil impulsar el emprendimiento y el espíritu empresarial juvenil. Difícil, pero no imposible. Y además es indispensable.
En el mundo en general y en América Latina y el Caribe en particular, se está impulsando actualmente la tendencia a una mayor intervención del Estado en la vida económica, social e individual de las personas. Como consecuencia, se disemina en la sociedad una perniciosa dependencia estatista que debilita la confianza en la libertad individual, adormece la conciencia de la persona y le impide a la gente aprovechar todo su potencial.
Una sociedad en que la gente no está preparada para valerse de sus propias fuerzas ni para procurarse por sí misma su bienestar, donde las personas dependen del Estado y se subordinan a los gobiernos, es una sociedad condenada a vivir en el atraso y la pobreza. Y la gente que espera del Estado la solución de todos sus problemas, o vive con la esperanza de que se los resuelva, es fácil presa de los vendedores de ilusiones estatistas y populistas que ofrecen paraísos sociales en la tierra pero en la cruda realidad lo que crean es un infierno totalitario.
El emprendimiento juvenil y el espíritu empresarial son herramientas para formar personas humanas libres, dignas y progresistas. Por eso hay que promoverlos.
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