Delwing Cruz Medina
VIDA
Definitivamente Los Vivancos no mentían al decir que en el escenario la unión los hace más fuertes. Así fue. Eran siete cuerpos en movimiento que al compás de la música y el juego de luces parecían ser uno solo. Una sola silueta que a través de un conteo exacto y espacios medidos ofreció un espectáculo de lujo.
Así se vivieron noventa minutos. Una noche llena de energía, emociones y coreografías, gracias a las interpretaciones de Elías, Judáh, Josuá, Cristo, Israel, Aarón y Josué Vivanco, siete hermanos que zapatearon como nunca en las tablas de la Sala Mayor del Teatro Nacional Rubén Darío.
UN PÚBLICO EUFÓRICO
Mujeres y hombres gritaban por igual. Vestidos de blanco y con luz tenue aparecieron estos siete hermanos en el escenario. El zapateo se fusionó con las castañuelas en sus manos.
Los Vivancos no solo bailaron flamenco, también realizaron acrobacias, artes marciales, ballet y tocaron instrumentos. Todo gracias a la formación artística que recibieron de su padre.
Mañana viernes y el sábado este grupo presentará en Costa Rica su espectáculo Aeternum, Flamenco, mismo con el que se robaron el corazón de muchas nicaragüenses.
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