Beirut/EFE
El atentado que sacudió ayer la plaza Sassin, en el céntrico distrito de Al Ashrafiya en Beirut, y que costó la vida al jefe de Inteligencia de la policía de Líbano, Wissan Hasan, y a otras dos personas, aumentó la inquietud en ese país por los efectos de la crisis siria, aunque Líbano ha adoptado una política de aislamiento de esa crisis, que parece hacer tambalear los cimientos de la precaria estabilidad libanesa.
Estados Unidos condenó el “acto terrorista” y recordó las “tensiones” que ha provocado en Líbano el contagio del conflicto en Siria. Mientras, el ministro sirio de Información, Omran Zubi, calificó de “cobarde” el ataque.
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A primeras horas de la tarde, una gran explosión de un coche bomba sacudió la plaza Sassin, donde se vivieron escenas de pánico entre los habitantes. Numerosos edificios quedaron dañados en la zona, donde incluso un incendió se declaró en uno de los inmuebles mientras miembros de la Cruz Roja Libanesa (CRL), ciudadanos y policías intentaban socorrer a las víctimas entre escombros y cristales rotos.
“No puedo volver a revivir escenas que creíamos del pasado. Tendríamos que unirnos, una vez por todas, contra la muerte de inocentes”, declaró Renée, una de las habitantes de la zona.
El presidente libanés, Michel Sulaimán, presentó sus condolencias a las víctimas y destacó la necesidad de preservar la unidad nacional y la paz civil.
HASAN ESTABA EN LA MIRA
Aunque se desconoce el autor del atentado, fuentes policiales afirmaron que el ataque iba dirigido contra Hasan, quien había realizado importantes investigaciones sobre atentados contra personalidades antisirias en Líbano y en agosto destapó una trama por la que fue detenido el exministro libanés de Información, Michel Samaha, cercano al régimen sirio y acusado de planificar asesinatos contra líderes políticos y religiosos en Líbano.
El general asesinado —próximo al grupo opositor Futuro—, de Saad Hariri estaba en el punto de mira de grupos libaneses favorables a Siria como, el movimiento chií Hezbulá, que habían pedido su dimisión. Sin embargo, Hezbulá se apresuró a condenar el atentado y pidió la unidad de los libaneses, cada vez más divididos por el conflicto que atraviesa Siria y amenaza con desestabilizar el Líbano.
Una de las condenas más enérgicas llegó del exprimer ministro y líder opositor, Saad Hariri, quien acusó al presidente sirio, Bachar al Asad, de la muerte de Hasan. Del lado contrario, el Partido Sirio Nacional Social (formación libanesa abiertamente favorable a Siria) responsabilizó a Israel de lo ocurrido.
El diputado de Falange Libanesa, Nadim Gemayel, comparó la explosión en Al Ashrafiya con “otros atentados similares con bomba provocados por el régimen sirio”.
El asesinato de Hasan, pesadilla de los prosirios, puede agudizar ahora más la división entre los libaneses, divididos entre partidarios y detractores del régimen sirio, quienes han protagonizado choques entre las ciudades de Trípoli y Beirut.
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