En los últimos días previos a la elección presidencial del próximo domingo 7 de octubre en Venezuela, cuando los sondeos prevén que el resultado podría ser muy ajustado, el presidente venezolano, Hugo Chávez, y prácticamente todos los funcionarios de alguna importancia que forman parte de su régimen autoritario, están acusando sin ningún fundamento a la oposición de que planea alegar fraude electoral para no reconocer el resultado de las votaciones y provocar violencia política. “Según las informaciones que tenemos, la extrema derecha tiene planes para desconocer el triunfo del pueblo, para cantar fraude. Yo les pido que no lo hagan porque se van arrepentir”, amenazó este martes el furibundo presidente Chávez al cerrar su campaña electoral en el estado venezolano de Lara.
Esta campaña del régimen chavista llama poderosamente la atención, porque lo que han declarado la oposición y su candidato presidencial, Henrique Capriles, es que tienen confianza en que no habrá fraude en las elecciones del domingo próximo, a pesar de que cuatro de los cinco miembros del Consejo Nacional Electoral son chavistas y le han permitido a Chávez utilizar en forma masiva y delictiva los recursos estatales, que son de todos los venezolanos, en su campaña para una nueva reelección presidencial después de 13 años de estar en el poder.
La oposición se ha cuidado de no hablar de fraude electoral, primero porque según dictámenes de organismos internacionales independientes y confiables, como por ejemplo el Centro Wilson de Estados Unidos y el Instituto Idea, de Suecia, por las características del sistema electoral venezolano es muy difícil hacer un fraude de magnitud significativa a favor de Chávez, aunque ningún sistema electoral es perfecto y con regímenes autoritarios como el chavista nada es imposible ni se puede descartar. Además, hablar de fraude electoral ahuyenta a los votantes, sobre todo a los indecisos que son los que finalmente decidirán la elección. De manera que a quien le conviene hablar de fraude, a fin de motivar la mayor abstención posible, es a Hugo Chávez y su partido, no a la oposición.
Si Chávez ganara limpiamente la elección del domingo, seguramente la oposición democrática no tendría dificultad en aceptar el resultado. De manera que el problema no es ese, sino que Chávez cree que él debe gobernar Venezuela hasta que se muera. De allí que el mismo Chávez y funcionarios prominentes de su régimen autoritario, incluso jefes de los cuerpos armados, han asegurado que si perdieran las elecciones no entregarían el poder y provocarían una guerra civil si fuese necesario.
A diferencia de su congénere Daniel Ortega, de Nicaragua, quien pervirtió el sistema electoral para imponer su reelección inconstitucional y mantenerse en el poder por medio del fraude masivo y descarado, Hugo Chávez sorprendentemente ha optado por mantener un sistema electoral básicamente limpio y confiable. El cual se pondrá a prueba definitiva este domingo 7 de octubre, si Chávez pierde las elecciones en las urnas y sobre todo si la victoria de la oposición sale por un margen muy estrecho.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A