Lucía Vargas
Un centro histórico congestionado por el desorden comercial que genera el mercado municipal, aceras plagadas de comerciantes que obligan al ciudadano a caminar entre los vehículos, coches y ciclistas, son algunos desafíos que deberá asumir la nueva administración municipal de la ciudad de Granada.
Además de esto la problemática social que se palpa en las calles centrales, donde la indigencia de niños huele pega, ancianos abandonados, niñas que venden sus cuerpos por la noche y la inseguridad ciudadana, son algunos otros temas que ensombrecen la belleza colonial de este destino turístico, que también urge reparación y adoquinado de calles en algunos barrios periféricos.
La candidata de la Alianza Partido Liberal Independiente (PLI), Esperanza del Carmen Ramírez Gómez, de 52 años, dijo que Granada puede salir adelante siempre que haya alcaldes comprometidos con su municipio. Ramírez Gómez es licenciada en Economía y confesó que una de sus metas es mejorar la gestión en la recaudación de los impuestos y ganar la confianza del pueblo.
El FSLN lleva como candidata a la diputada Julia Mena. LA PRENSA trató de conseguir una entrevista con Mena, pero no fue posible.
¿Cuáles son los problemas más sentidos que ha podido identificar en la ciudad?
Sigue siendo la basura tomando en cuenta que esta ciudad es turística, la falta de alcantarillado sanitario, reparación de calles, ordenar el sector del mercado municipal. Lo otro es la situación de los salarios de los empleados de la municipalidad que siempre van retrasados.
¿Cómo va a resolver estos problemas?
Primero voy a solicitar una auditoría para ver cómo está la Alcaldía, porque no voy a cargar con deudas y problemas que hay ahora. El otro reto es mejorar la gestión de cobro y ganar la confianza del pueblo para que paguen sus impuestos. De esa manera vamos a contar con los fondos necesarios para ver progreso en la ciudad. Con los ingresos vamos a tener fondos propios y por supuesto hay que administrar bien esos ingresos para poder ver los frutos.
En la Alcaldía hay más de 500 empleados y se ha criticado que esto representa unos 2.5 millones de córdobas al mes en salarios.
He escuchado que hay empleados fantasmas, que están reflejados en la planilla, pero que no trabajan, hay supernumerarios. Creo que se debe revisar la ficha de cada empleado y buscar la forma de reubicarlos en el área de cobros, donde van a ser más productivos y los empleados fantasmas eliminarlos. Hay que revisar salarios porque hay funcionarios que ganan sueldos muy altos.
¿Por qué los granadinos deben votar por usted en esta contienda?
Porque nosotros representamos la verdadera lucha por la democracia, porque soy una persona honrada y nunca me voy a prestar a actos de corrupción, soy seria en mis cosas y le puedo asegurar al pueblo que pueden confiar en mí.
El descontento que ha generado el CSE en los votantes, y el papel que ha jugado la oposición, pude traducirse en un abstencionismo, ¿cómo lo van a manejar para que la gente acuda a votar?
En este proceso tenemos como principal reto convencer a la población de la utilidad del voto, porque la no participación se convierte en un cheque en blanco para los que ejercen el poder autoritariamente.
¿Cómo van a defender el voto ante un posible fraude electoral?
Tenemos un tendido electoral fuerte, que no lo tuvimos el año pasado en las elecciones presidenciales. Vamos a garantizar presidentes de mesa y fiscales en cada Junta Receptora de Votos y estamos buscando gente de mucha confianza, para que resguarden esos votos, además vamos a acompañarlos desde afuera para que se sientan animados. También confiamos en el profesionalismo de la Policía y miembros del Ejército, para que no se registren actos violatorios a la Constitución.
Si logra llegar a la Alcaldía, ¿cómo va a manejar la distancia que pone el Gobierno central con municipalidades ajenas a su partido?
Es ley que las transferencias del Gobierno central lleguen a las alcaldías a través del Ministerio de Hacienda y como tal defenderíamos ese derecho que tiene Granada. Trabajaré para todos los granadinos sin distingo de colores políticos.
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