La señora Rosario Murillo, secretaria de comunicación del Gobierno del presidente inconstitucional Daniel Ortega, anunció que su marido será candidato a otra reelección presidencial en 2016.
El anuncio, que al parecer tiene la intención de aplacar las disconformidades que hay y crecen en el FSLN por la desmesurada concentración de poder de la señora Murillo y su proyección como sucesora de Ortega, provocó vivas reacciones críticas en diversos sectores del país, incluyendo personas que se identificaron como simpatizantes y miembros del FSLN.
Esas reacciones públicas son muy interesantes, porque demuestran que en la sociedad nicaragüense hay una clara conciencia democrática y la disposición —aunque solo latente por ahora— a luchar por la restauración de las instituciones republicanas. En realidad, son muchos los nicaragüenses que se han impregnado de los principios fundamentales de la democracia, entendida como un sistema en el cual el Gobierno es limitado y controlado por la Constitución; los poderes legislativo y judicial son independientes del ejecutivo; las competencias de la administración nacional y los gobiernos municipales son determinadas claramente por medio de la ley y respetadas por los gobernantes; los cargos de elección popular y ante todo el de mayor poder que es el presidencial se rotan regularmente para impedir la perpetuación en el poder; los derechos de los ciudadanos son protegidos de los excesos del gobierno; no se permite que el gobernante acumule tanto poder que le permita dominar abusivamente a los demás; el gobierno es fuerte institucionalmente tanto para gobernar con eficacia como para que él mismo no sea dominado por otros poderes que no sean los emanados de la voluntad popular.
Esos principios y valores son los que definen la república democrática. Y a ellos se refería el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, cuando desde LA PRENSA y al frente de UDEL sentenciaba que “Nicaragua volverá a ser república”, pues donde no existen esos valores no hay libertad ni funciona la democracia, y porque al mismo tiempo tienen que haber suficientes ciudadanos que los comprendan y estén dispuestos a conquistarlos, defenderlos, fortalecerlos y preservarlos.
“Los resignados son el apoyo de las autocracias”, advirtió don Francisco Madero, insigne luchador contra la reelección presidencial en México cuyos principios fueron la inspiración de la gran revolución mexicana. Estando de acuerdo con esa sentencia, por eso consideramos importante que la gente reaccione contra el anuncio oficial de que se planea otra reelección de Ortega, aunque por ahora la protesta sea solamente verbal.
Estamos claros de que Daniel Ortega no está dispuesto a entregar el poder por las buenas y por lo tanto no permitirá que haya elecciones libres, a menos que el pueblo movilizado y plantado en la calle lo obligue a permitirlas, como ya lo obligó en 1990. Todo es cuestión de tiempo. Lo importante por ahora es atender el consejo de don Francisco Madero y no resignarse a que otra vez una dictadura familiar se entronice en Nicaragua.
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