David Hurtado Galagarza
Ser educador es una tarea noble pero de gran responsabilidad social. Exige de los docentes gran capacitación científica no solo en cuanto al dominio de los contenido curriculares sino en el desarrollo de las relaciones humanas… Un poco de psicología para reconocer las razones de determinados comportamientos de los estudiantes y en consecuencia, adaptar estrategias para relacionarnos mejor con estos y conducir el proceso enseñanza-aprendizaje en la vía pedagógica correcta.
Está demostrado que la rigidez en la enseñanza, las intransigencias e inflexibilidad no contribuyen a una educación inclusiva e integral y además, no generan confianza, respeto y colaboración entre maestro-estudiante.
¿De qué manera el maestro o maestra en su aula de clase puede desarrollar una relación de calidez y amistad dentro de un marco del respeto y confianza con sus educandos? ¿Cómo contribuirá esta relación con los procesos de enseñanza-aprendizaje?
Deseo compartir con mis colegas mi opinión sobre la manera de lograr confianza y amistad con los estudiantes, para convertirnos en verdaderos guías y amigos, a fin de que el educando reconozca que el maestro es un aliado en el desarrollo de sus potencialidades intelectuales y en la apropiación de los valores morales y de identidad nacional.
Los maestros amigos son los que demuestran un trato justo con todos sus estudiantes y esto se observa cuando los conflictos que surgen entre ellos se resuelven por consenso y con imparcialidad.
La calidez se demuestra con la amabilidad en el trato. Reír con los estudiantes es beneficioso, como lo es, tener siempre una expresión positiva ante lo negativo y señalar con tacto los desaciertos.
¿Cómo se puede desarrollar la confianza? Con una premisa sencilla pero muy cierta: “Si das confianza recibirás confianza”. ¿Qué significa esto? Que cuando, como maestros, les asignamos responsabilidades a nuestros niños, puesto que sensibilizamos a estudiantes monitores para ayudar a sus compañeros; no solo les estamos enseñando a ser solidarios sino también a sentirse parte del proceso.
Hay que aclarar que la confianza entre docente y estudiante puede ser una arma de doble filo cuando no se ponen límites. Siempre el respeto y la autoridad del docente deben prevalecer, para que no se caiga en el anarquismo.
Nosotros siempre recordamos con agrado a un profesor que fue flexible, amable y nos apoyó con nuestros aprendizajes, sucede lo contrario con aquellos profesores que fueron intolerantes, inflexibles y tal vez parciales.
Nuestro país avanza más cuando los educadores marcamos la diferencia con mejores prácticas docentes, cuando nos sentimos satisfechos por la rectificación de la conducta equivocada de un estudiante y cuando vemos la excelencia académica de los que con esfuerzos y sacrificio han superado los obstáculos.
*Docente de sexto grado, escuela Elaisa Sandoval, Juigalpa, Chontales.
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