Con el continuo crecimiento del turismo en Ometepe, no solo la amenaza de contaminación a los suelos y a las costas de este lugar es lo que debe preocupar a las autoridades locales y al Gobierno central, sino también el consumo de droga (marihuana y cocaína) que desde hace un buen tiempo se viene presentando en esta apacible isla.
Pero aclaro, esto último no es culpa del turismo, no. En todo caso es una responsabilidad de todos velar por una sociedad sana, sin embargo, si el éxito del turismo no se sabe administrar en Ometepe, los efectos podrían ser muy dolorosos para la niñez, la juventud y las familias nativas.
Bastante lejos han quedado aquellos años en que la niñez y la juventud isleñas respetaban una serie de valores heredados de sus padres y abuelos. Y precisamente porque se han ido haciendo a un lado esos valores es que este segmento (niñez y juventud) está cayendo en las garras del alcohol y la droga sin que haya una reacción inmediata y masiva de parte de las poblaciones de Altagracia y Moyogalpa.
Si bien es cierto que las autoridades locales y del Gobierno central tienen sus responsabilidades por un sano desarrollo de la sociedad, también es cierto que las comunidades isleñas son igualmente o más responsables de que su niñez y su juventud crezcan en un ambiente sano. ¿Cómo es posible que en Ometepe muchos menores de edad además de ingerir licor y fumar tabaco también han tenido contacto con la marihuana? ¿Y dónde están sus padres?
Si a la niñez y a la juventud se les educa bajo aspectos como que un concurso de “Miss Chiquitita” debe ser bien visto que se realice a las diez de la noche y las niñas desfilen por las calles del pueblo y luego la fiesta sea en un local para adultos, sus prototipos de valores serán precisamente parecidos a estos. Los padres de familia deben ser responsables con el futuro de sus hijos.
El asunto es complicado y los ometepinos que viven en la isla no deben contentarse con estar en esa burbuja de éxito que le ha generado el turismo, pues si descuidan lo más valioso que es la niñez y la juventud, luego pueden lamentarse.
Con frecuencia viajo a Ometepe y cuando converso con personas mayores tanto de Altagracia como de Moyogalpa, se quejan diciendo: “La Policía sabe quienes son las personas que venden droga (marihuana y cocaína) y no hace nada. Es que la Alcaldía autoriza esas parrandas (fiestas) y las cantinas por todos lados. Es que el juez deja libre a los vende droga. Es que la Policía no se lleva a esa gente que viene de afuera de la isla y vende drogas en el parque. Es que la Fuerza Naval del Ejército no patrulla las costas de Ometepe”… Y el rosario de quejas sigue.
Pero también les he preguntado: ¿Y la educación, principios y valores de los padres de familia orientados hacia sus hijos, dónde está? ¿Y el tiempo de calidad diario que deben dedicar los padres a los hijos, dónde está? ¿Y la colaboración de los padres de familia con las escuelas de primaria y secundaria, dónde está? ¿Siempre van puntuales a las reuniones de padres de familia a las escuelas? ¿Llegan frecuentemente los padres a preguntarle al profesor guía, a los demás profesores y al director del colegio cómo se porta su hijo? ¿Saben los padres de familia dónde están sus hijos en horarios que no son de estudios ni de trabajo en el campo o en otra ocupación? ¿Saben los padres de familia quiénes son los amigos de sus hijos y conocen a los padres de estos?
El asunto no solo es responsabilidad de las instituciones del Estado sino de todos y eso implica la participación de la comunidad. No conozco que en Ometepe haya una organización de personas que tienen familiares inmersos en la droga (consumidores o expendedores) que luchen por erradicar ese mal que está naciendo. No he visto marchas de las comunidades por las calles exigiendo a las autoridades que juntos se propongan mantener a la isla como un territorio libre de drogas.
El hecho de que Ometepe sea uno de los lugares más seguros del país no debe ser suficiente para los nativos, porque la maldita droga y los desgraciados que la venden hacen su trabajo en silencio. Hay que frenar este flagelo con la participación de todos.
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