Querida Nicaragua: A 25 años de la firma de los acuerdos Esquipulas II deberíamos gozar de la paz firme y duradera, meta propuesta y acuerdo firmado por los presidentes de Centroamérica. Obviamente Nicaragua no goza de esa paz firme y duradera, desde luego que tiene un presidente ilegal, violador constante de las leyes, hay ausencia total del Estado de Derecho, de seguridad jurídica, etc.
Con tan solo un vistazo que hubieran dado al país los señores cancilleres, presidentes y expresidentes que vinieron al remedo de Cumbre celebrando la firma de los acuerdos de Esquipulas, se hubieran enterado del estado de tensión en que vive el país.
El día anterior a la llegada de los visitantes, las autoridades policiales bloquearon importantísimos sectores del nuevo centro de la ciudad, tal como si estuviéramos viviendo un estado de emergencia o una situación de guerra.
El hotel donde se realizó la reunión se convirtió en una zona restringida, todo por temor a un grupo de valientes muchachos de varios sectores de la sociedad y de partidos políticos que pedían al secretario general de la OEA cumplir con la Carta Democrática de ese organismo.
No hubo manera de que los cancilleres, presidentes y expresidentes pudieran observar la Champa de la Dignidad, donde varios jóvenes reclaman frente al Consejo Supremo Electoral el cambio de funcionarios de este organismo especialista en fraudes electorales.
De los presidentes firmantes de aquel documento, unos están fallecidos, otros como los expresidentes don Oscar Arias Sánchez y don Vinicio Cerezo Arévalo son ciudadanos que honraron a sus países y que luego de ser presidentes se retiraron a la vida civil, tal como se hace en una democracia. Únicamente don Daniel Ortega, 25 años después de la firma de los acuerdos, ha vuelto a ser presidente después de postularse tres veces a la presidencia de la República y de ejercer un tipo de oposición dañina para los intereses generales de la nación.
Es fácil comprobar la vocación dictatorial de don Daniel observando la cantidad de rótulos que dejan ver un enfermizo afán publicitario, promoviendo el culto a su personalidad.
Ojeando los periódicos de estos días los visitantes seguramente observaron el afán confiscatorio del Gobierno, las tomas de tierras, la acción de las turbas gubernamentales que atacaron a los muchachos en la Champa de la Dignidad, hiriendo gravemente a muchos y vapuleando a una joven embarazada hasta hacerla abortar. Tenía ocho semanas de gestación.
La observación de estos hechos, más las noticias que seguramente los presidentes centroamericanos conocen sobre el gobierno de Nicaragua, debería ser suficiente para que tomen acciones diplomáticas conducentes a lograr un cambio de actitud de quien, como el señor Ortega, firmante de los acuerdos, debería ser el primero en propiciar la verdadera democratización que conduciría a la anhelada paz firme y duradera, meta honrosa de los patrióticos acuerdos de Esquipulas II.
De no hacer gestiones en este sentido, tanto la Carta Democrática Interamericana de la OEA, como los acuerdos de Esquipulas II vendrían a ser lamentablemente algo así como papel mojado. La democratización es el compromiso, la palabra empeñada por los presidentes de Centroamérica que debe ser cumplida con honor y patriotismo.
El autor es director general de Radio Corporación.
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