Twitter: Fabian_Med
El cabecilla
El tipo parece el más malo de los malos. La Policía presenta a Bismarck Antonio Lira Jirón, esposado, frente a una pila de dólares, en una lujosa mansión. Es un cabecilla narco recién capturado. Rudo golpe al narcotráfico, se dice. ¿Son estos en realidad los golpes más fuertes? Lira Jirón se lió a tiros con la Policía, distribuía drogas desde hace mucho tiempo, cayó en prisión tantas veces y otras tantas salió libre porque, extrañamente, hay una mano invisible que lo protege. Aparecía en las listas de indultos y una corte de jueces estaba siempre presta para reducciones inverosímiles de penas a tal punto, que siendo quien era, circulaba como cualquier parroquiano por las calles. Sin esconderse de nadie.
Cuello Blanco
Los peores narcos son aquellos de cuello blanco que circulan como gente honorable en nuestras más importantes instituciones. Andan de saco y corbata, como diputados en la Asamblea Nacional metiendo subrepticiamente a estos personajes en las listas de indultos que están destinadas a mejores causas, o actuando como jueces y agarrándose de cualquier pretexto para darles salida “legal”. Si de verdad el Gobierno está comprometido en la lucha contra el narcotráfico debería golpear a esta red de delincuentes de cuello blanco, que son al fin y al cabo los que permiten que estos tipos anden por ahí haciendo sus fechorías. Cuando empecemos a ver más delincuentes de cuello blanco frente a los tribunales, con seguridad empezaremos a ver menos de aquellos de barba y metralleta. Y solo ahí sabremos que de verdad se está golpeando al narcotráfico. Porque, así como están las cosas, ¿cuánto tiempo cree usted que Bismarck Antonio Lira Jirón estará preso?
El origen
Tampoco se puede exonerar de culpa a los consumidores de toda la sangre, violencia, atraso y corrupción que provoca el narcotráfico. Y digo esto porque uno se encuentra gente muy “progre” que se indigna por la matanza de las ballenas en el ártico, que lucha por el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, que se enfurece contra los come huevos de tortugas todo lo cual está muy bien, de no ser porque a continuación se van a tirar su churro de marihuana o una raya de cocaína, sintiéndose ajenos a los muertos y miserias que provocan. En realidad son cómplices. En resumen, el consumo de drogas es a la violencia del narcotráfico, lo mismo que el consumo de huevos de tortugas a la extinción de esta especie. El origen del mal. Ambos condenables.
Coherencia
Bien se podría alegar: que se legalicen las drogas y se acaba todo. Puede ser. Pero ese es otro debate. El asunto es que ahora mismo es ilegal, y que el dinero que cualquier persona destina para la compra de su droga es el mismo que aparece en esas enormes pilas de dinero con que suelen retratar a los narcotraficantes cuando se les captura y se les exhibe como pieza de caza. Es el dinero precisamente lo que alimenta esa maquinaria. Y no es que crea que el consumo de drogas vaya a desaparecer solo por cargos de conciencia, pero creo que es pertinente establecer la conexión que hay entre crimen y consumo y reconocer que hay al menos una incoherencia de principios entre aquel que viste una camiseta que dice por ejemplo, “yo no como huevos de tortuga” y al mismo tiempo se tira su raya de cocaína y con ello mata gente en la ruta del narcotráfico.
Dos policías
Uno a veces se pregunta si es la misma Policía aquella que saca pecho por el quiebre a sofisticadas bandas de narcotraficantes, y esta otra que luce descaradamente torpe e inútil cuando cae en sus manos un caso con algún tinte político. ¿Cuántos opositores han sido vapuleados en estos cinco años y medio? ¿Cuántos presos hay por esas golpizas, que como vimos en el último caso, hasta el aborto le provocó a una mujer embarazada? ¿Cómo es posible que sea la misma Policía aquella que exhibe refinados trabajos de inteligencia para quebrar al narcotráfico con esta otra que se muestra incapaz de proteger a los ciudadanos a pesar que con frecuencia se les dan nombres, fotografías, direcciones y hasta centros de trabajo de los malhechores?
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