En unas pocas semanas los juzgados de Managua serán trasladados a un nuevo y moderno edificio. Las autoridades enfrentan un dilema sobre qué hacer con los vendedores de comida y libros que han acompañado a las improvisadas oficinas de los juzgados desde hace unos 30 años cuando se instalaron en el Centro Comercial Nejapa, cuyas tiendas y restaurantes habían sido saqueados durante la llamada insurrección final.
Los vendedores de los juzgados, hasta ahora, han tenido el mismo “estilo” improvisado de los juzgados. Las comiderías se acomodan debajo de un árbol donde una estufa de hojalata cocina al calor de la brasa cualquier cosa que venda. Los comensales se sientan en taburetes o bien donde puedan, bajo la mirada atenta de uno o varios perros flacos. La sombra no baja el calor. En cuanto a los vendedores de libros —que en su mayoría son códigos jurídicos— son igual de informales. Los ponen en una larga mesa, o cuando mucho, los más prósperos se encuentran en casetas de madera donde también se sacan fotocopias. Entre todo ese mercado persa hasta uno que otro “bufete” de abogados se puede encontrar.
El problema es ¿qué hacer ahora? ¿La Alcaldía simplemente va a trasladar los chinamos al nuevo edificio o a un área cercana? ¿O les va a prohibir instalarse en ese lugar? ¿Acaso no va a hacer nada y dejar que ellos resuelvan a su desordenada manera?
En pocas semanas se celebrarán elecciones para alcaldes y concejales en los 153 municipios del país. La verdadera oposición y sus aliados naturales en las organizaciones democráticas de la sociedad civil enfrentan un dilema. ¿Participar o no participar en este proceso? Esa pregunta los desgarra porque todo el proceso, después de dos fraudes electorales, está diseñado para favorecer al orteguismo.
A estas alturas los lectores seguro se están preguntando qué tienen que ver estos dos dilemas. Pues ellos, nada. Pero sus posibles soluciones sí tienen algo en común: ambos casos deben buscar dilemas fuera de lo tradicional, de lo establecido, de lo normal.
No hacer nada en el caso de los juzgados (lo que garantiza que la gente se traslade por sí sola), o trasladarles “oficialmente” los chinamos lo único que logrará es que el nuevo edificio se va deteriorado antes de ser inaugurado.
Asistir a las elecciones como si este fuera un proceso electoral tradicional, formal, limpio y transparente sería marchar hacia una ejecución segura. Pero no ir también resultaría en una ejecución segura.
Entonces, si en el caso de los vendedores de los juzgados, no es posible prohibir su presencia ¿por qué no se les construye módulos modernos, bien equipados, con servicios higiénicos y con espacio para que los comensales puedan disfrutar de su comida cómodamente o los vendedores de libros puedan exhibirlos en pequeñas librerías ordenadas? Los vendedores pagarían un canon, pero este no debe ser el costo real sino un costo menor. El arrendatario puede estar ahí mientras cumpla dos condiciones: pagar el canon y mantener el lugar limpio, higiénico y sin hacerle “anexos” con ripios que destruyan el diseño original.
¿Y si en el caso de la oposición se toma la idea que ha puesto sobre la mesa el concejal de la Alianza PLI, Luciano García, que, aprovechando la ventana que les da la Ley Electoral pongan candidatos en todos los municipios excepto las cabeceras departamentales, incluyendo Managua?
La Ley Electoral dice que deben poner candidatos en al menos el ochenta por ciento de los municipios, así que se puede no ponerlos en las cabeceras, donde el votante no orteguista está desmotivado y no hay candidato serio que quiera jugar en un terreno tan desnivelado. Pero sí se iría en los otros municipios, muchos de los cuales siempre ha ganado la oposición y que sin duda puede seguir haciéndolo y donde hay buenos candidatos que la gente conoce.
Como son 153 elecciones diferentes, en realidad en algunos municipios se puede llamar al voto mientras en las cabeceras se puede llamar al voto no orteguista a no asistir a la farsa. Si eso funciona, el abstencionismo podría derrotar al orteguismo en las cabeceras dejando clara su ilegitimidad mientras la oposición puede dar la pelea donde la elección es ganable.
Si a ambos problemas les damos las “soluciones” de siempre vamos a tener los resultados de siempre. No permitamos que nos desanimen los agoreros con esa frase lapidaria de “eso nunca se ha hecho así”.
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