La “crisis fiscal” de la eurozona

Varios países de la periferia de la Eurozona —sobre todo Grecia, España e Italia— se enfrentan a una profunda crisis porque los arreglos institucionales asociados al euro y las posturas de los países más influyentes de la zona los han dejado sin otro instrumento de política que no sea la austeridad fiscal.

Adolfo Acevedo Vogl*

Varios países de la periferia de la Eurozona —sobre todo Grecia, España e Italia— se enfrentan a una profunda crisis porque los arreglos institucionales asociados al euro y las posturas de los países más influyentes de la zona los han dejado sin otro instrumento de política que no sea la austeridad fiscal.

Pero con la excepción de Grecia, no es cierto que esta crisis tenga su raíz en que los respectivos gobiernos hayan gastado muy por encima de sus medios: antes de la gran recesión de 2008-2009 la situación fiscal en estos países era sana, y España e Irlanda mostraban importantes superávit.

Los déficit se expandieron con la gran recesión como resultado de la acción de los denominados “estabilizadores automáticos”: la caída de la actividad económica se reflejó en la disminución de los ingresos fiscales, mientras que el masivo incremento del desempleo se tradujo en el aumento del gasto público por la vía de los pagos en ascenso del seguro de desempleo.

Este incremento del gasto deficitario del Gobierno representó un aumento en la demanda agregada que compensó en parte la contracción de la demanda privada, contribuyendo a estabilizar el nivel de actividad económica y evitando que la gran recesión se convirtiera en depresión.

La deuda pública de estos países creció de manera muy fuerte porque los mismos debieron colocar bonos de deuda para financiar esta expansión automática del déficit. Otro hecho que contribuyó a explicar el incremento de la deuda fue la conversión de deudas privadas en públicas como resultado del salvataje de los bancos a raíz de la gran recesión. En Irlanda dicho salvataje transmutó el superávit fiscal en un déficit superior al 30 por ciento del Producto Interno Bruto.

Pero un aumento temporal en la relación deuda/PIB no es razón suficiente para generar una crisis. Existe una diferencia crucial entre estos países y otros como Estados Unidos, Japón e Inglaterra, cuya relación deuda/PIB es superior que la de los países de la eurozona, pero que pueden redimir en todo momento su deuda en su propia moneda, lo cual les permite endeudarse a tasas muy bajas.

Por su parte los países de la eurozona no tienen la capacidad de emitir su propia moneda, de manera que deben contratar deuda en una moneda (el euro) cuya emisión no controlan y por esta razón no pueden garantizar que siempre tendrán la liquidez necesaria para pagar los bonos a su maduración.

Por esta razón los gobiernos que enfrentan dificultades temporales para hacer frente a sus obligaciones son presa fácil de los ataques de los mercados financieros, que comienzan a exigir rendimientos más altos para refinanciar los vencimientos de la deuda.

Al dispararse los costos financieros, los gobiernos experimentan un incremento sustancial en el pago de intereses, que a su vez desencadena una nueva ronda de incremento del déficit y la deuda.

El apoyo de liquidez a los gobiernos en dificultades por parte de la Unión Europea, el FMI y Banco Central Europeo ha estado condicionado a que estos efectúen drásticos recortes en los gastos diferentes del pago de intereses.

Esto ha producido una contracción de la demanda que redunda en la caída de la actividad económica y el incremento del desempleo, con la consiguiente disminución en la recaudación de impuestos que termina contrarrestando la reducción del déficit.

El fracaso de esta política es interpretado como un signo de mayores problemas, de manera que la prima de riesgo que cobran los mercados financieros se dispara de nuevo. Bajo estas circunstancias un problema de liquidez puede desencadenar un proceso de realimentación como el descrito, capaz de conducir a cualquier país a la insolvencia.

Se trata de una situación de recesión profunda, alto desempleo y déficit realimentados que no tiene salida en tanto el Banco Central Europeo se niegue a desempeñar el papel de comprador de bonos soberanos de última instancia que permita reducir las tasas de interés a las cuales se refinancian los Estados.

Alemania se opone igualmente a la emisión de eurobonos y un fondo de solidaridad que podrían promover el crecimiento y reducir los tipos de interés a los que se tienen que enfrentar los gobiernos.

Tampoco se discuten las medidas capaces de permitir el paso de la austeridad y la recesión a la reanudación del crecimiento, lo cual reduciría los déficit de manera automática.

La situación es peor en el sector bancario. Hasta los mejores sistemas bancarios se verían en problemas en una crisis económica como las que se viven en Grecia y España; con el colapso de la burbuja inmobiliaria española los bancos enfrentan riesgos todavía mayores. Al desgastarse la capacidad de apoyo de los gobiernos a los bancos, como resultado de esta crisis, se desgasta cualquier resto de confianza del público en los bancos.

En ausencia de un fondo común de garantía a los depósitos, y de apoyo directo a los bancos por parte de la eurozona como un todo, esta pérdida de confianza ha dado lugar a masivas fugas de depósitos hacia Alemania, facilitadas por un esquema que permite trasladar en tiempo real los depósitos de un país a otro, incrementándose las dificultades de los bancos y las necesidades de apoyo a los mismos.

(*)Economista

[email protected]

Economía Crisis Fiscal Eurozona archivo

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí