Representantes de la empresa privada y líderes políticos democráticos, celebraron el otorgamiento del waiver de la propiedad al gobierno de Daniel Ortega, por parte de Estados Unidos, ya que con esta dispensa se garantiza que los organismos financieros internacionales aprueben los fondos de cooperación que son necesarios para sostener la economía nacional y financiar proyectos de infraestructura y reducción de la pobreza. Sin embargo, también le advirtieron a Ortega que no debe considerar el otorgamiento del waiver como si fuera un cheque en blanco.
Según informó LA PRENSA en su edición de ayer, el presidente del Cosep, José Adán Aguerri, expresó que la aprobación del waiver hay que verla como “una oportunidad” para mejorar la relación de Nicaragua con EE.UU. Por su parte Amcham fue más a fondo y advirtió que es “la oportunidad para que el Gobierno de Nicaragua respete la institucionalidad y el Estado de Derecho, iniciando el mismo con el nombramiento de los funcionarios con cargos vencidos, conforme lo mandata la Constitución Política, para enrumbar a nuestra nación hacia la democracia en libertad”. Y según el líder de la opositora alianza PLI, Eduardo Montealegre, “ahora el tema de la ilegitimidad, la falta de institucionalidad, la desconfianza en el sistema electoral, está otra vez en manos de Ortega”.
Pero, ¿sabrá y querrá Daniel Ortega actuar con la sensatez que le sugieren los empresarios privados y políticos democráticos? Lo que enseña la experiencia es que cuando se encuentra fuerte y percibe que todo le está saliendo bien, Ortega no suele ceder ante concesiones que se le hacen para tratar de apaciguarlo y convencerlo de que haga cambios democráticos. Él solo ha cedido cuando se ha enfrentado a una crisis muy grave y sin más remedio que reconocerla.
Es cierto que ahora Ortega actúa como un caudillo autoritario, pero oportunista y matrero, no como un firme revolucionario marxista. César González Calero, periodista español que ha estudiado la trayectoria del antiguo líder sandinista asegura en un artículo titulado “Daniel Ortega, caudillo esotérico”, que “hubo un tiempo en que el ensimismado guerrillero enarboló la bandera del igualitarismo y la justicia social Pero con los años, Ortega se fue alejando del ideario sandinista, abrazó el neoliberalismo, renegó de Marx para acercarse apasionadamente a Jesucristo y se impuso una sola meta en la vida: aferrarse al poder a cualquier precio El antiguo guerrillero se define como socialista, solidario y cristiano. Pero en la práctica su gobierno tiene, antes que otra cosa, un nítido cariz neoliberal, con guiños recurrentes al gran capital”.
Pero lo más que se puede esperar de Daniel Ortega, como reacción al otorgamiento del waiver de EE.UU., es que simule hacer algunos cambios cosméticos para que todo siga igual, pero no para restablecer la institucionalidad democrática y la integridad electoral. Como el mismo Ortega exclamó al celebrar su fraudulenta reelección inconstitucional, en noviembre pasado: “No vamos a provocar cambios dramáticos en este proceso; ¿para qué cambiar si está saliendo bien?”.
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