El Ejército de Nicaragua continúa golpeando fuerte la narcoactividad en el país y la advertencia lanzada el lunes por el general Julio César Avilés, de que un cabecilla narco es buscado por las autoridades en la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN), en buena medida indica que en el país —a pesar del retroceso generado por el presidente inconstitucional Daniel Ortega en varios ámbitos— la institución castrense realiza una loable labor por garantizar la seguridad ciudadana, la paz y estabilidad en “zonas rojas” afectadas por el flagelo de la droga.
Hay quienes consideran que en este enfrentamiento al narcotráfico, el Ejército podría cometer abusos contra derechos fundamentales de determinados ciudadanos y que también se aprovecharía a las fuerzas armadas para “ajuste de cuentas políticas”, porque la institución —que se ha venido profesionalizando con el paso del tiempo—, tiene el color de ser partidaria, y a este criterio abona en abundancia Ortega al recordarles a los militares su pasado “revolucionario”, como si se tratara de una marca registrada del partido gobernante.
Sin embargo, creo que el Ejército como una institución de la nación nicaragüense y no de un partido político, es una de las pocas o quizás la única en la administración pública que se ha dado su lugar y sus mandos se han hecho respetar ante la familia gobernante. Por tanto, los militares tienen claro cuál es su lugar en el andamiaje jurídico del país y que como seres humanos también están sujetos a las normas que rigen en un Estado.
Es así que los esfuerzos del Ejército por salvaguardar al país de los efectos dañinos de la droga, deben ser apoyados por todos los nicaragüenses, las instituciones del Estado y países amigos que aún no se han retirado a pesar de las prácticas antidemocráticas del gobernante inconstitucional.
Es necesaria la presencia siempre del Ejército en las fronteras terrestres, en el mar, en ríos y en el Lago de Nicaragua, a fin de mantener esa lucha contra la narcoactividad y otros delitos, lo que significaría evitar el trasiego de droga, consumo y crecimiento del narcomenudeo que tanto daño está haciendo en algunas partes del país. Respecto al Lago Cocibolca, hago énfasis en que el Ejército debe estar más pendiente de las costas de departamentos como Granada, Rivas y Río San Juan, así como de las islas a donde llegan “pescadores” que no son de la zona, como ocurre en Ometepe, sobre todo en la parte suroriente. Asimismo, hay que estar pendiente de quiénes pasan y qué pasa en lanchas y ferris hacia la paradisíaca isla.
El general Avilés dijo el lunes ante directores de medios de comunicación que el narcotráfico es la principal amenaza a la seguridad del país, razón por la cual luchan contra el mismo y que las acciones de la institución castrense son parte de una estrategia de nación que llaman “el muro de contención”.
En este sentido, celebro que conceptos claves como “estrategia de nación” prevalezcan todavía en temas tan sensibles para los nicaragüenses. Los miembros del Ejército, a pesar de las provocaciones antidemocráticas que los rodean, deben permanecer fieles a los fundamentos de la Constitución Política de Nicaragua y sobre todo, apegados a su Código Militar, valores y principios que harán más sólida la institución.
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