Querida Nicaragua: ¿Valió la pena sacrificar más de cincuenta mil nicaragüenses de ambos bandos para tener un resultado final como el que tenemos ahora?
¿Valió la pena perder todos los cerebros profesionalmente preparados que teníamos en medicina, arquitectura, ingeniería, agronomía, literatura?, etc., ¿valió la pena perderlos, que se fueran lejos de su país para no volver?, ¿valió la pena para obtener el resultado final que tenemos ahora?
Lo que hoy tenemos es una dictadura doble. Una pareja mal gobernando, una familia entera haciéndose cada vez más millonaria y apoderándose de todos los negocios habidos y por haber. ¿Sería eso lo que queríamos cuando apoyamos al movimiento autollamado sandinista, que luego traicionó los principios del propio general Sandino?
¿Valió la pena semejante sacrificio para botar una dictadura que hoy recordamos casi como benévola para instalar esta de ahora, que solo sirve a los intereses de sus partidarios y que promueve la mendicidad para seguir consiguiendo votos de esos pobres prebendarios?
Tanta viuda abandonada, tanto huérfano en la miseria, tantas familias dispersas por el mundo, tanto hogar desarticulado, tanto lesionado de guerra, tantos mutilados en sillas de ruedas, tantos bienes perdidos ¿para que luego fueran repartidos como piñata a todos los tragones que nunca habían trabajado y que estaban ávidos por apoderarse de lo ajeno? ¿Valdría la pena todo esto para que hoy tengamos lo que tenemos, una nueva plutocracia apoderada del poder y queriendo retenerla para siempre?
Los que quedaron con bienes robados y que hoy viven una vida regalada afirman que sí, que valió la pena toda esa lucha. Y claro, de no haber habido una revoluta como esta, ellos no tuvieran nada y seguirían tan pobres como eran antes de que los acostumbraran a tomar para sí los bienes ajenos.
Los que quedaron en la calle cuando les robaron lo único que tenían, una casita, una finca de la cual vivían, una casa con cuyo arriendo mantenían a la familia, un solar que tenían en venta para montar un negocito y poder pagar la universidad de su hijo en el extranjero, estos afirman que la revoluta no valió la pena, que solo trajo dolor, sufrimiento, muerte, engaño, entrega de la nación a potencias extranjeras, que hicieron de Nicaragua un satélite de Cuba que a su vez era satélite de Rusia. Le dieron vuelta a la tortilla, dicen. Los que eran vagos y nunca habían trabajado quedaron ricos algunos, millonarios otros. Los que eran gente de bien, trabajadores honestos, cumplidores de las leyes, y que tenían sus centavitos ganados con el sudor de la frente, esos quedaron pobres algunos, paupérrimos otros, miserables los más, y tan miserables que muchos fueron muriendo de tristeza y su destino final fue el cementerio.
Y eso es lo que celebran ahora entre cantos y gritos y morterazos y discursos incoloros. Trajeron centenares de camiones y autobuses de todo el país para llenar la plaza y celebrar su triunfo, el triunfo de ellos, no del pueblo. El triunfo de los nuevos ricos, de los nuevos oligarcas. Que lo disfruten porque no será para siempre. Todo tiene su principio y su fin, nada es eterno, solo Dios nuestro Señor.
El autor es director general de Radio Corporación.
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