Querida Nicaragua: Muchas cartas nos llegan. Denuncias, quejas, reproches y a veces maldiciones para el Gobierno.
Me llega una carta en la cual, cierto señor exprimió toda su esencia hepática, para decir que los periodistas, comentaristas, analistas, diputados, e incluso la sociedad civil somos “pura tapa”, esa expresión tan nicaragüense significando que estamos hablando hojarasca, plática de presos, que hablamos y hablamos y nunca hacemos nada.
El señor que nos escribe ni siquiera tiene valor de identificarse, ya que se firma como Epaminondas Maquiavelo, obviamente un seudónimo. Es decir que este señor critica a quienes tenemos el valor de señalar lo malo, de hablar, de exigir, de denunciar y él mismo no tiene el valor de firmar lo que escribe.
Este señor seguramente quiere que nos vayamos a la calle pregonando las maldades del Gobierno, que nos juntemos en las rotondas, que nos enfrentemos a las turbas a garrotazos, que nos rajen la cabeza ante la indiferencia de la Policía.
Señor Epaminondas: para poder reclamarle algo a alguien, primero hay que tener autoridad moral para hacerlo, si usted ha luchado en contra de las dictaduras, si ha estado preso, si ha sido torturado, si ha tenido el valor de tomar las armas para irse a las montañas, si ha hecho cualquier acción arriesgada para librarse de las dictaduras que hemos padecido, entonces tendría usted alguna autoridad para hablar. Pero cuando veo que hasta su nombre oculta, no tiene derecho a criticar a quienes luchamos en contra de la ilegalidad, del abuso, la corrupción, la dictadura que ha impuesto Ortega. Nosotros luchamos con las armas que tenemos, y son la radio, la televisión, los periódicos. Luchamos con la pluma y la palabra por componer el desastre actual, por crear instituciones respetables, por volver a tener poderes del Estado independientes. Para ello hablamos, escribimos, criticamos y firmamos con nuestros nombres, impulsamos la unidad en contra de la dictadura. Es un pecado no hacer algo por el país, y encima criticar a los que sí hacen algo.
Y le voy a decir algo más, todavía tenemos aquí el derecho a expresarlo y tenemos que aprovecharlo. Ciertamente que nuestros dirigentes no son un dechado de virtudes e inteligencias, que nuestros diputados podrían ser mejores, pero le aseguro que todos ellos tienen conciencia ciudadana, amor por la patria, y luchan todos los días para que las cosas no sean peores de como son.
Aquí tenemos dos caminos, o luchamos cívicamente con la palabra, la pluma, la presencia, el argumento, la ley. O luchamos en forma violenta, buscando cómo resolver las cosas por medio de la vía armada, que siempre trae consecuencias funestas para los pueblos, sufrimientos espantosos, separación de familias, sangre, dolor, años de lucha para luego volver a caer en el ciclo histórico trágico de otro gobierno dictatorial. Hay que leer la historia de nuestro país, amigo mío, es fácil conocer toda la historia de los gobiernos del siglo pasado nada más, golpes de Estado, guerras intestinas a montones, dinastías, dictaduras. Tratemos de no caer en la violencia. Puede ser que seamos para usted “puras tapas”, pero sepa usted que la pluma y la palabra siempre derrotan a la espada y el cañón.
El autor es director general de Radio Corporación.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A