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El pasado 20 de junio tres jóvenes con un viejo colchón, un pedazo de plástico negro, unas cuantas botellas de bebidas energizantes y agua, se declararon en huelga de hambre frente al Consejo Supremo Electoral (CSE) para exigir el nombramiento de los magistrados de ese poder del Estado.
Después de nueve días sus cuerpos ya no aguantaron, fueron relevados por otros cuatro que a su vez han sido relevados por tres más. Sin embargo, más allá de las organizaciones civiles las muestras de solidaridad de la misma ciudadanía no han sido notorias.
Marcos Carmona, secretario ejecutivo de la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), quien le ha estado dando seguimiento a la huelga desde el primer día, señala que han llegado varios movimientos a solidarizarse y decirles a los jóvenes que no están solos, pero atañe la falta de solidaridad de la ciudadanía a la crisis económica, la cual hace que la gente esté más preocupada por lo que verá en su plato que por luchas cívicas.
Carmona también agrega el factor temor y señala que muchos ciudadanos temen perder su empleo por mostrar su apoyo a este tipo de luchas.
“EN POLÍTICA NO ME METO”
Luis López pasa caminando frente a la protesta, los mira con extrañeza y dice que no se mete en política, sin embargo, cree que hay otras formas de protesta y que no está de acuerdo con una huelga de hambre, porque eso es atentar contra la vida. “En política no me meto, pero creo que si se pueden hacer cambios está bien”, dice López.
Para Fidelia López, otra ciudadana que pasa frente a la manifestación, manifiesta que no le ve sentido. “Para defender un derecho no necesita a una persona, sino a un grupo de más de cien personas para que los tomen en serio y ahí hay unas 50 personas, además están obstruyendo el paso de personas que nada tienen que ver con sus protestas”, manifestó López.
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