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El Estado
A estas alturas vale la pena preguntarse: ¿Para qué sirve el Estado? Ese Estado que sostenemos con nuestros impuestos y que se supone son los gerentes que contratamos para administrar esta empresa nuestra que se llama Nicaragua. O primero, ¿qué es en realidad el Estado? No, no, me refiero a la definición de los manuales de sociología donde se dice que Estado es “una forma de organización social, económica, política soberana y coercitiva, formada por un conjunto de instituciones, que tiene el poder de regular la vida nacional en un territorio determinado”. No, me refiero a Estado que nos toca cargar cada día y que cada vez se parece menos al “Estado moderno” que dice la teoría.
Botín Electoral
Una definición más cercana a lo que tenemos como Estado para mí sería: “Botín electoral conseguido por mañas, más que por votos. Conjunto de cargos y recursos a disposición de un partido para distribuirlo entre sus dirigentes en proporción a su importancia. Es la asignación de espacios y territorios para el usufructo de los vencedores cuidado sí que no todo el dinero que aportan los dominados sea utilizado por la casta gobernante y se hagan algunas obras que justifiquen el pago de impuesto, las reformas tributarias y demás ”
Satrapías
Ministerios, magistraturas, alcaldías y otras son los nuevos nombres que se les da a los que hace 1,500 años se les llamaba satrapías o virreinatos en el imperio persa. Eran nombrados por el rey que conquistaba esos territorios para que gobernaran en su nombre: administraban, cobraban impuestos, mantenían el orden público y reclutaban solados… para el rey. Y el rey les permitía enriquecerse, y disponer de la autoridad que les daba para vivir a gusto y protegidos. ¿Acaso no es eso lo que vemos ahora? La satrapía del Consejo Supremo Electoral que se ganó Roberto Rivas La satrapía de la Alcaldía de Managua de Fidel Moreno La satrapía de la Corte Suprema de Justicia de Francisco Rosales Y así podemos seguir.
Repartición
Ahora bien, ¿cómo se reparte el Estado? Tampoco es que a todos los del partido vencedor les tocan partes iguales en el botín. Las partes de la pieza cazada se reparten según la importancia. Desde el rey, que se vuelve dueño de todo y desde su posición asigna para que le administren, hasta aquellos que solo agarraron camisetas y, con suerte, alguna lámina de zinc, pasando claro está, por los satrapías de mayor o menor tamaño. Tampoco este es un método nuevo. Se usaba hace mil años cuando se tomaba y se saqueaba una ciudad: se separaba la parte del rey, luego la de los generales, e iba disminuyendo la porción hasta la de los capitanes, tenientes y por último los soldados cuyo pago muchas veces era solo darles libertad de hacer tropelías, matando y violando a quienes quisieran en la pobre ciudad tomada.
Pruebas
A las pruebas me remito. Supongamos que la Policía tiene una sola patrulla disponible y llama usted advirtiendo que en plena calle están violando a una jovencita, pero al mismo tiempo llama Roberto Rivas diciendo que en su casa están poniendo pintas.. ¿Hacia dónde cree que irá esa patrulla disponible? Otra. Se necesita un gerente en una empresa estatal. Llegan dos currículums: el suyo, con maestría en administración, suma cum laude de su promoción, y otro de alguien que no terminó la carrera, pero se ha destacado en la lucha de los universitarios y en la defensa del voto. ¿A quién escogerían?
Patraña
Lo que quiero decir es que vivimos una gran mentira con el llamado “Estado moderno”. Se supone que los ciudadanos elegimos a las autoridades a través de nuestros votos soberanos, y esas autoridades se escogen entre los más capaces y llegan a los cargos del Estado a devengar un salario que sale de nuestras bolsas, en el entendido que lo retribuirán en servicios. Patrañas. Ni son los votos los que eligen, ni son los más capaces, ni están ahí para servir a la ciudadanía. Los que están abajo están para servir a los de arriba, y la función más definida de la maquinaria estatal es reproducirse y servirse ella misma. Y la única diferencia entre los llamados “gobiernos democráticos” y los de corte dictatorial es que los primeros tratan de enriquecerse en el menor tiempo posible porque saben que pueden ser relevados, y los segundos disponen del país como si van a estar ahí mil años.
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