Estados Unidos celebra hoy su fiesta nacional que conmemora la Declaración de Independencia proclamada el 4 de julio de 1776.
Los estadounidenses constituyen una gran nación en todos los sentidos, con sus virtudes y defectos igual que todos los pueblos de la tierra. A lo largo de los 235 años de su historia, EE.UU. ha realizado grandes acciones en defensa de la libertad y para beneficio de la humanidad, las cuales le hicieron acreedor de un vigoroso y extendido liderazgo internacional. Pero igualmente EE.UU. cometió graves errores y ha ejecutado políticas que han resultado muy dañosas para otros pueblos, por lo cual también es el país más criticado y quizás el más odiado del planeta.
En Nicaragua, EE. UU. ocupó militarmente el territorio nacional, impuso condiciones onerosas al país mediante gobernantes peleles y sostuvo por mucho tiempo a la dictadura somocista, la cual, por su naturaleza y proceder, era absolutamente contraria a los valores y principios proclamados y establecidos por los padres fundadores estadounidenses. Sin embargo, EE. UU. respaldó después a los nicaragüenses que lucharon con las armas en la mano y cívicamente contra la dictadura de orientación totalitaria, hacia la que derivó la revolución democrática después del derrocamiento del somocismo. Y además, no se puede dejar de reconocer la cuantiosa cooperación material que EE. UU. ha proporcionado a Nicaragua, incluso bajo regímenes antiestadounidenses como el actual de Daniel Ortega, aportando financiamiento para el desarrollo de la infraestructura y la economía nacional.
En realidad, si se pudiera colocar a EE. UU. encima de una balanza sus méritos pesarían más que los defectos. La humanidad le debe a ese gran país ante todo el aporte de sus valores de libertad, sus principios de democracia y el ejemplo de su pujanza económica. Devinieron universales e inmutables aquellas verdades evidentes que fueron inscritas en la Declaración de Independencia de Estados Unidos de 1776, de que todas las personas son creadas iguales y dotadas de derechos inalienables como el derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; a tener gobiernos que deriven sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; a abolir la opresión e instituir nuevos gobiernos basados en los principios y normas fundamentales de la libertad y la democracia.
En la actualidad esas verdades evidentes e imperecederas son tan vigorosas y válidas como cuando fueron aprobadas, hace 235 años, por los fundadores de Estados Unidos. Y representan para la humanidad un valioso legado que se debe reconocer no obstante los errores y los abusos hacia otros pueblos cometidos por los gobernantes estadounidenses. Como escribiera el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal en un editorial de LA PRENSA titulado “Nuestras relaciones con Estados Unidos”, publicado el 5 de julio de 1972: el 4 de julio se festeja “un día muy significativo para la humanidad, al cual nunca empañarán los errores que en representación de la comunidad norteamericana han cometido después, gobiernos o gobernantes de aquella nación”.
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