Eduardo Enríquez
Cuando el actual presidente inconstitucional salió del gobierno en 1990 el país quedó con una deuda externa de 12,000 millones de dólares.
El país en ese momento exportaba, con suerte, unos 300 millones de dólares, la industria, el comercio, el sector agropecuario, en fin, toda la economía estaba en ruinas. Pensar en que alguna vez se iba a cancelar esa deuda que habían dejado Daniel Ortega y el sandinismo era para personas que debían tener un optimismo desbordante. Es por eso que los nicaragüenses empezaron a llamar esa gigantesca deuda externa la “deuda eterna”.
Sin embargo, y para suerte nuestra, la deuda fue disminuyendo, en gran parte porque la mayoría de países del mundo fueron condonandola, sabedores que de nada les serviría seguirla cobrando.
Quedaron unos cuantos que se negaron, curiosamente los “aliados” más cercanos de los sandinistas: Libia o Irán, este último hasta la semana pasada aceptó condonar la deuda, pero es que prácticamente el sandinismo se había endeudado con todo el mundo, ¡hasta con Costa Rica! que es la fecha y todavía le debemos.
Pero aunque el rubro de Deuda Externa está comenzando de nuevo a subir bajo la presidencia del Inconstitucional, no es esa “deuda eterna” la que me preocupa. Al fin y al cabo de ese tipo de deuda se sabe cuánto se debe, cuánto son los intereses, cuánto se abona y el que debe de pagar es el Gobierno, que aunque la plata de todas maneras sale de nuestros impuestos la verdad es que el golpe no se siente tan directamente.
La deuda que nos debe preocupar es la “deuda eterna” que nos impuso el Inconstitucional desde hace dos años, dizque para que la tarifa energética no nos golpeara tanto. Para eso él muy amablemente le pidió a Alba Caruna que le prestara plata para pagar parte de la tarifa y que así el nicaragüense en estos dos años no sintiera el golpe directo del salvaje aumento del petróleo.
Pero el problema viene ahora. El precio del petróleo ha comenzado a bajar, hay al menos dos parques eólicos listos para empezar a generar en pocos meses (además de los otros dos que ya funcionan), hay una generadora geotérmica funcionando y los ingenios ampliarán su capacidad de generación.
O sea que la tarifa energética debería estar bajando, pero no es así. Según el ministro de Energía y Minas, Emilio Rappaccioli será hasta el 2017, dentro de cinco años, que la tarifa energética en realidad va a bajar porque mientras tanto, cualquier ahorro que traigan las generadoras renovables va a pagarle el préstamos a Alba Caruna, que asciende a por lo menos 134 millones de dólares.
Al final del cuento entonces tenemos que por pagar durante dos años una energía “menos cara” —porque recordemos que aumento hubo— ahora vamos a tener que pasar cinco años pagando una tarifa más alta de lo que en realidad es y no podremos disfrutar de esa rebaja en mucho tiempo. ¿Qué les parece el negocito al que nos metió el Inconstitucional?
Pero la deuda sería pagadera a 2017 si todo va bien y el petróleo no vuelve a subir, y no solo eso. Como todo lo que hace el Inconstitucional y su gente, esto está recubierto por una gruesa capa de neblina. Hay muchas preguntas sin responder.
Por ejemplo: ¿Cómo sabremos cuánto se está abonando mensualmente a ese préstamo? ¿Cómo sabremos que el abono es el mismo mes a mes? ¿Si a medida que vayan entrando más generadoras renovables el megavatio se generará a un precio menor, no sería lógico que cada vez los abonos sean más grandes? ¿Pero quién lleva esa cuenta? ¿Quién nos garantiza que el préstamo en realidad lo estamos pagando sin intereses si nadie nos informa cómo va todo este proceso?
Si el próximo mes o el próximo año el petróleo vuelve a subir entonces ya no se podrá seguir abonando, ¿y cuál es el precio que debe alcanzar el barril de petróleo para que eso suceda? No lo sabemos.
Así las cosas el Inconstitucional nos puede decir eternamente que la deuda no se ha podido pagar. O quizá dentro de cinco, seis u ocho años finalmente diga que Alba Caruna va a “condonar” lo que quede de la deuda. Entonces le tendremos que agradecer sin en realidad saber cuántas veces hemos pagado la deuda que nos “benefició” solo por dos años. Y estoy seguro que muchos saldrán hasta a bailar a las calles de alegría… ¡qué tristeza!
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