Los niños, los adultos y el futuro de Nicaragua

Los niños, los adultos y el futuro de Nicaragua

Ayer 1 de junio se celebró en Nicaragua el Día del Niño. Se dice que es el día internacional del niño, pero en realidad solo en unos pocos países se celebra en esta fecha. En la mayor parte de los estados el Día del Niño se celebra en días diferentes, atendiendo la convocatoria que la Organización de Naciones Unidas (ONU) hizo en 1954, para que se instituyera esta celebración en todos los países pero que cada uno lo hiciera en la fecha que estimase conveniente. Cabe señalar al respecto que la misma ONU celebra el día universal del niño el 20 de noviembre, en conmemoración de que en un día como ese, en 1959, fue aprobada la Declaración de los Derechos del Niño, y que en 1989 se aprobó la Convención sobre los Derechos del Niño. Nicaragua ratificó esa Convención en abril de 1990 y ocho años después, en marzo de 1998, la Asamblea Nacional aprobó el Código de la Niñez y la Adolescencia.

Esta celebración del Día del Niño tiene un carácter sociopolítico, se inspira en la convocatoria que hicieron las Naciones Unidas para promover diversas actividades institucionales y sociales en pro del desarrollo del bienestar de todos los niños del planeta, de los cuales se dice que representan el futuro de la humanidad. Pero la fiesta de los niños en su sentido propiamente infantil y sentimental, sigue siendo el día de Navidad, cuando los menores son agasajados con juguetes y otros obsequios, no por formar parte de un segmento social y un concepto sociológico, sino por su condición meramente infantil.

Cabe mencionar que el concepto tradicional de que “los niños son el futuro de la humanidad” en la actualidad está siendo revisado y cuestionado por antropólogos y sociólogos, los cuales sostienen que esa idea solo es verdad en lo que se refiere a que los niños de hoy son los adultos del mañana, pero no a que el futuro dependa de ellos. Señalan que de quienes depende el futuro en realidad, es de los adultos, porque el mañana será solo lo que los mayores de hoy hereden a las siguientes generaciones: un mundo mejor, o una vida igual o peor que la de ahora.

El filósofo chileno contemporáneo, Humberto Maturana, asegura al respecto que “el futuro de la humanidad no son los niños. Somos nosotros, los adultos con quienes ellos crecen”. Y dice también el pensador suramericano que “el futuro está en el presente”, advirtiendo de esa manera que “de cómo convivan los niños dependerá la clase de adultos que llegarán a ser”.

Lo cual es cierto. Por ejemplo, los niños de Nicaragua no pueden determinar las condiciones en las cuales tendrán que vivir cuando sean mayores. Ellos van a disfrutar o a sufrir lo que les hereden los adultos. Los niños nicaragüenses de hoy, que serán adultos mañana, podrán vivir en una sociedad libre, democrática, próspera, justa y solidaria, si esta es la que se les deje como herencia. O vivirán bajo un régimen de servidumbre populista, en un narcoestado, en un país atrasado y desmoralizado, si los adultos del presente no somos capaces de reconquistar la libertad y reconstruir la democracia.

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