Eduardo Enríquez
Los nicaragüenses estamos como sentados en una de esas paradas de buses y frente a nosotros va pasando el futuro. Para tomarlo debemos levantarnos y aligerar el paso porque no espera por nadie, pero ni siquiera hacemos el intento de alcanzarlo. Ni siquiera sabemos si debemos tomarlo.
Cuando se trata de nuestro futuro como país o como sociedad los nicaragüenses ni siquiera pensamos en cómo será nuestro país, nuestra economía, nuestra sociedad, dentro de, por decir algo, 25 años. Eso es grave.
Es grave porque tenemos ante nosotros el mejor futuro que podemos esperar en nuestra historia, pero lo vamos a dejar pasar. Actualmente Nicaragua tiene una gran población joven, a punto de entrar a su edad más productiva. Por otro lado, la situación económica que están viviendo los países desarrollados está haciendo que sean los países en desarrollo los que reciban la mayor cantidad de inversión.
Un cable de EFE reproducido por el boletín electrónico de Estrategia y Negocios dice que “el Índice de Clima Económico (ICE) de América Latina subió en abril a 5.2 puntos, su mayor nivel desde los 5.8 de julio de 2011, según un informe divulgado por el centro privado de estudios económicos Fundación Getulio Vargas (FGV). “Perú desplazó a Colombia como el país con mejor clima para los negocios, en tanto que Paraguay sustituyó a México como el peor y se une a Argentina y Venezuela como los únicos tres en los que ha empeorado ese índice”.
El artículo fue titulado América Latina: clima de negocios a su mayor nivel en nueve meses. El ICE estudió 11 países latinoamericanos, de los del istmo, solo Panamá fue incluido, pero nos podemos dar una idea de cómo andaríamos nosotros cuando ese informe de la FGV dice que “en Paraguay (que quedó en último lugar) la situación empeoró por falta de confianza en las políticas del Gobierno, de competitividad y de mano de obra cualificada, así como por desempleo y escasez de capital”. ¿Suena familiar? Sin embargo, es asombroso que aquí nosotros pensemos que estamos (y lo he oído descrito así) viviendo una “bonanza”.
Sin embargo, esta “bonanza” no es más que un espejismo causado por los buenos precios de nuestros productos de exportación —que ya están bajando— y el hecho de que nos hemos convertido en una colonia de Venezuela, de la que dependemos para cubrir nuestra factura eléctrica y para complementar el patético salario de los trabajadores estatales. Si ambos factores desaparecen la “bonanza” se desvanece porque la verdad es que seguimos exportando el mismo granito de café igual que lo hacíamos hace 170 años.
¿Qué hacer para que ese crecimiento y el desarrollo sea sostenido? Se ha dicho una y mil veces: esa población joven debe de tener mejor educación. ¿Pero educación en qué? Para eso el país debe saber hacia dónde quiere ir. ¿Queremos ser una potencia agroindustrial? entonces preparémonos con excelentes ingenieros agrónomos, con profesiones o carreras técnicas relacionadas con esa actividad. Enfoquemos nuestros recursos económicos para el desarrollo de esa actividad, garanticemos a los inversionistas leyes claras y respetémoslas para que inviertan aquí, los de afuera y los de adentro. Fomentemos la investigación tecnológica en esos rubros. Abaratemos de verdad el costo de la energía.
Premiemos la inversión y el ahorro, castiguemos el gasto suntuario. En otras palabras, tengamos una política de desarrollo definida.Un ejemplo patético y cruel, siempre lo voy a decir, es el del 6 por ciento para las universidades. Este año más de 2,500 millones de córdobas del Presupuesto se irán en eso. ¿Usted sabe cómo se está usando? Tenemos 20 años de estar echando el 6 por ciento del Presupuesto Nacional a las universidades. ¿Usted sabe qué beneficio le ha creado esa obscena cantidad de dinero a la sociedad cuando los verdaderamente pobres ni siquiera salen de la primaria si es que tiene la oportunidad de llegar a la escuela?
El colmo de la ironía es que cuando se propuso que parte de esa plata se ocupara en capacitación técnica para elevar la calidad de la mano de obra y por ende elevar los ingresos de los obreros, los primeros que protestaron fueron los sindicatos. La educación universitaria debe ser gratis para los estudiantes pobres y brillantes. Para los demás que no puedan pagarla, se puede crear un fondo de créditos si es que quieren ir a la universidad. “Es que después no van a tener cómo pagar ese préstamo”, van a decir algunos. Y yo me pregunto ¿quién quiere estudiar algo que no le va a dar ni para pagar esos mismos estudios en abonos suaves?
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