Por Génesis Hernández Núñez
El sector de raíces y tubérculos ha echado buenas raíces y sus frutos se saborean no solo en Nicaragua sino también en Centroamérica, Estados Unidos, Puerto Rico y muy pronto cruzarán el océano y llegarán hasta Europa. Además se importará ñame, camote, ñampí y quiquisque blanco de Costa Rica, Colombia y Cuba para diversificar la variedad de cultivos en el país.
En 2011 se exportó aproximadamente nueve millones de dólares, incluyendo la venta de yuca y jengibre, y se espera que este año se superen los diez millones.
“La situación es favorable, existen perspectivas de que este año se aumente un ocho por ciento en las exportaciones a nivel general, sin embargo, la demanda ha caído un poco en abril y mayo, pero es normal, son meses en que hay poco pedido para Nicaragua porque otros países abastecen al mercado internacional”, explica Roberto Argüello, presidente de la Comisión de Raíces y Tubérculos, que agremia a 20 empresas y más de 3,000 productores.
LOS OBSTÁCULOS
Argüello manifiesta que “las principales dificultades que tiene el sector son los costos de producción, los insumos, agroquímicos y los costos de transporte internacional debido a que no contamos con un puerto en el Caribe y por eso tenemos serias dificultades para competir con otros países del área como Costa Rica. Todas nuestras exportaciones (de tubérculos y raíces) van por medio de Puerto Cortés, Honduras o de Puerto Limón, en Costa Rica”.
A este problema hay que agregar que la oferta exportable de Nicaragua es muy reducida y por tal razón se espera que este año se amplíen las áreas de siembra de quiquisque, malanga, jengibre, pero con el cuidado de brindar la capacitación necesaria a los productores para que no avance la frontera agrícola ni se afecte al medioambiente.
“Cuando va a salir contenedor y el resto de días ellas no tienen empleo, entonces la idea es capacitarlas para que se formen al menos 20 microempresas”, explica.
Este programa atiende a pequeños productores que siembra entre una y dos manzanas. “Les capacitan para que adopten buenas prácticas agrícolas para evitar el envenenamiento de los suelos”.
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Nazario Mejía Jarquín, presidente de la cooperativa Tierra Buena, en Nueva Guinea, manifestó un panorama diferente para este sector. Para él la principal dificultad en este municipio de la Región Autónoma del Atlántico Sur es que “todavía no posee una infraestructura vial y eso encarece el producto ya que al productor le cuesta más sacarlo porque a veces es en mula, en carreta y otro problema que también afecta a nuestros productores es el acceso al crédito flexible, no hay suficiente preocupación por parte de los gobiernos de turno”.

En Nueva Guinea se encuentra el ochenta por ciento de la producción total de raíces y tubérculos a nivel nacional, el otro 20 por ciento está dividido entre Matagalpa, Jinotega y El Rama. El productor afirma que gran parte de la cosecha que sale de este municipio no solo abastece al mercado nacional, sino que también se envían productos a Honduras y Guatemala. A El Salvador se exporta cada semana un contenedor de yuca pelada para snacks.
Sobre la falta de financiamiento, el presidente de la Comisión de Raíces y Tubérculos reconoce que hay más colaboración financiera de organizaciones extranjeras que de las autoridades nacionales.
No obstante, añade que “hay cooperaciones de gobierno a gobierno donde participa el Instituto de Desarrollo Rural (IDR) y también los gobiernos de Holanda, Finlandia, Dinamarca y la participación es conjunta, aunque siempre ha habido mayor apoyo de las ONG”.
PRODUCCIÓN CON ROSTRO DE MUJER
Este rubro tiene un componente que no es tan conocido: el 90 por ciento de las personas que trabajan en plantas procesadoras son mujeres, según datos de ProPemce, un programa de cooperación en Nicaragua financiado por Gran Bretaña y el Ministerio de Asuntos Exteriores de Finlandia.
Mercedes Díaz, experta en cadena de valor y miembro de ProPemce, manifiesta que “las mujeres participan en la producción en fincas, como comerciantes, en el procesamiento. Donde hay menor participación es en la parte de exportación, ahí nada más hay una mujer que gerencia una planta exportadora”.

Díaz explica, sin embargo, que “la mujer aparece invisible en la cadena, no percibe los beneficios, porque en muchos casos no es dueña de la tierra y muchas veces aunque sea dueña se invita al jefe de familia a la capacitación o asistencia técnica y si no va él, no va nadie y ella queda al margen”.
Y añade: “También pasa que si la mujer no tiene el título de su propiedad no puede tener acceso a los escasos créditos que hay, entonces esto frena el desarrollo de la cadena y no permite que haya una mayor equidad en la distribución de los beneficios y recursos que se generan”.
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