Querida Nicaragua: Por qué será, me escribe un amigo, que en un país tan pequeño como Nicaragua, 138 mil kilómetros cuadrados, la política es tan complicada. Yo le respondí que la política poco tenía que ver con el área territorial de un país. El tamaño del país poco tiene que ver con su desenvolvimiento político. Lo que cuenta es el hombre y su formación.
El mestizaje nuestro ha tenido mucho que ver en nuestro comportamiento político. Los españoles que vinieron no eran precisamente discípulos de San Francisco de Asís. Hubo excepciones como la de Fray Bartolomé de las Casas y unos cuantos que se cuentan con los dedos de la mano. Pero en cambio los Pedrarias se cuentan por decenas. Los conquistadores a pura crueldad y servidumbre no podían jamás educar ni elementalmente a nuestros indígenas. Destruyeron la cultura política que aquellos tenían. Sus caciques eran gentes honorables. Tenían sus Consejos de Ancianos y respetaban sus leyes por muy duras que fuesen. Había un orden institucional, una manera de vida, lo que hoy llamaríamos un tipo de convivencia pacífica, sin que por ello dejara de haber guerras con tribus que llegaban de otras regiones, como ocurrió aquí mismo en Nicaragua.
Ha sido, paradójicamente, la influencia cultural del viejo mundo la que fue penetrando, inclusive absorbida por algunos de nuestros mejores talentos. En efecto, los grandes próceres de América, casi todos son el producto de las teorías y prácticas políticas de Europa. Muchos de nuestros hombres lograron estudiar en el viejo mundo y absorber costumbres, educación, formas de gobierno, etc. La revolución francesa fue como un faro de luz sobre la humanidad, y nos legó los principios fundamentales de la convivencia civilizada, los derechos del hombre, el fin de la esclavitud y de los resabios que quedaban de la época feudal.
Nuestros próceres americanos eran liberales y revolucionarios, gente de ideas nuevas, de doctrinas renovadoras, y con todo, nuestros pobres pueblos todavía no salen del subdesarrollo. Enormes desniveles sociales por un lado, fanatismos políticos por otros, influencias perversas llegadas de países esclavistas como Rusia y sus satélites, intervenciones de imperialismos de todo género, tanto ingleses, como norteamericanos, franceses, holandeses y por su puesto rusos, nos han hecho vivir en continuas guerras.
Esto es solo un bosquejo leve de las mil razones por las cuales nuestra política es tan complicada. Pero también nosotros tenemos la culpa por no saber apreciar los valores morales que le son tan caros a la humanidad. El respeto al derecho ajeno, a la vida, el amor al prójimo, la educación como pilar fundamental de una nación, la democracia como forma pacífica de vida, la separación de los poderes del estado, no han podido arraigarse con fuerza en nuestros sistemas de vida. El egoísmo, el afán de acaparar fortunas a costa del erario, el revanchismo, la intolerancia de unos partidos políticos con otros, todos los vicios que no nos han permitido armonizar para dar paso a una nación próspera y segura, respetable, sin mayores problemas, con progreso, convivencia y paz para todos. Somos nosotros los responsables de que nuestra política sea complicada. Eduquémonos y eduquemos a nuestros niños de hoy si queremos forjar una gran nación para el futuro.
El autor es director general de Radio Corporación
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