Por Amalia del Cid
Escribió “Usurera” en su habitación de estudiante. Allá por 1984, cuando iniciaba sus clases de Derecho y Ciencias Políticas en Panamá, David Mercado era entonces un muchacho flaco, enamorado y soñador. Todavía no se había peleado con el peine, ni había caído en las garras del alcoholismo, ni se había convertido en uno de los cantantes nicaragüenses más talentosos y anónimos.
La canción aún suena en las radios. “Y es mejor creer así, que eso es parte de tu inmadurez. Y aunque fui motivo de tu risa, te quiero…”, vibran los parlantes y la voz que brota de ellos tiene pliegues y quiebres, es por eso que muchos atribuyen “ Usurera ” a Hernaldo Zúñiga. Y algunos más, ni siquiera saben que la pieza, un clásico, pertenece a alguien que nació en tierra de lagos y volcanes, precisamente en la ciudad de Masaya, igual que Hernaldo, pero en enero de 1959.
David Mercado es hijo de una modista y un fabricante de calzado. Su infancia, afirma él, fue una época llena de claroscuros, con más oscuros que claros.
Su nombre completo es Roberto David Marenco Mercado, pero de su padre, a quien se refiere como “ese señor”, no quiso tomar ni nombre ni apellido.
Roberto Marenco se llamaba su progenitor, un hombre que —cuenta Mercado— dejó hijos por los cuatro puntos cardinales. Un hombre que jamás le hizo un gesto de cariño, al punto de que David, siendo todavía un niño, le dedicó estas líneas, garrapateándolas en un cuaderno escolar: “Alegre la casa de mi papá, que tiene pan. Y la de mi mamá, ¿qué?”. Muchos años más tarde, ya en la década de los ochenta, en un recital cubano, el cantante declamaría esas pocas palabras y acallaría a todo un auditorio.
Ahora piensa en esos momentos y sonríe. “Todos se quedaron callados. Después me aplaudieron y dijeron que había resumido la situación de la niñez en Latinoamérica”, comenta. Luego sus pensamientos lo vuelven a llevar hasta su padre, su madre, doña Argentina Mercado, sus hermanos y las calles de tierra de la Masaya de los años sesenta y setenta.
El extranjero
El cantante se fue de Nicaragua porque no nació “para ser militar”. Eso le explicó al comandante Hilario Sánchez, su superior en la guerrilla, al acabar la insurrección que derrocó a Anastasio Somoza Debayle. Luego, en 1982, tomó sus maletas y marcó en el mapa un destino: Panamá, el único país que le dio visa. Ha residido ahí más de la mitad de su vida.
Allá trabajó de ayudante de albañil, antes de encontrar empleo como cantante, primero en La Casa del Asado y después en el bar La Fragata.
Sin embargo, no olvida las tardes de canicas, barriletes y trompos en su ciudad natal. Ni los años que para él han sido los más felices de su vida, los que pasó en el colegio Bautista, de Masaya, donde, a pesar de su timidez, aprovechaba cada acto y celebración para presentarse con su guitarra interpretando éxitos de grandes como Roberto Carlos y Camilo Sesto. Esos fueron sus primeros pasos en el mundo de la música. “Ahí comencé a saber que lo que yo hacía le gustaba a la gente. Tuve varias noviecitas y me comencé a sentir bien”, comenta.
Pero fue hasta que participó en la Cruzada Nacional de Alfabetización que encontró a quien inspiraría sus canciones más recordadas. Se enamoró de una chontaleña de piel blanca y cabello rizado, a quien nunca le confesó ni medio sentimiento. Aunque no se merecía esa nominación, ella es la “ Usurera ” y también es ella quien está detrás de Buscando amor .
David escribió esas letras recién llegado a Panamá. Y en su “ Usurera ” es notable que las clases de leyes le estaban calando hondo. Ese famoso beso “premeditado” , de mentira, “con vicios de voluntad” viene de alguna clase de Derecho Civil.
En la universidad no fue mal alumno, a diferencia de la secundaria, donde pasaba las materias raspándose la panza. Aun así, le tomó siete años culminar una carrera que debía terminar en cinco. El tiempo se le diluía en los bares, donde ganaba propinas de hasta 100 dólares. En esos andares, se aficionó al whisky y al vino.
Su carrera artística iba en ascenso. Produjo su primer disco, Buscando amor y poco después vino el acetato de Usurera y Mujer de edad . Las canciones vinieron a Nicaragua y empezaron a sonar en las emisoras. Por entonces, a finales de la década de los ochenta solo daba conciertos.
En 1988 participó en el Festival de la Canción Romántica Nicaragüense Rafael Gastón Pérez. El mismo año que Wálmaro Gutiérrez, ahora diputado del Frente Sandinista, cantó Nave sin rumbo , días después de la muerte del comandante de la Policía, Walter Ferreti.
Esa visita de David Mercado fue un acontecimiento. Mujer de edad y Usurera eran ya una sensación entre el público nicaragüense. El cantante era aclamado tanto como Hernaldo Zúñiga y Valentino, de Costa Rica, recuerda Oscar Navarrete, reportero gráfico que fotografió la edición de 1988 del festival Gastón Pérez.
En su gira de 1990, David recorrió cada rincón de Nicaragua. “Siempre se rebalsaba el público”, señala el artista.
Estaba en la cima, pero seguía ahogándose en la bebida.
Cuando su primera esposa, una colombiana estadounidense, lo dejó y se llevó consigo a David, el hijo de la pareja, el mundo del artista terminó de derrumbarse. Buscó culpables y terminó desquitándose con la música. En 1994 abandonó definitivamente los escenarios y se metió de lleno a su carrera de abogado.
Una luz en Internet
Por un asunto de fuerza de voluntad, el cantante dejó de beber hace diez años. Y fue su hijo quien le mostró el sendero de retorno. Abrió la página de YouTube, en Internet, y le enseñó los vídeos de Usurera colocados por sus admiradores.
David Mercado leyó los comentarios nostálgicos de nicaragüenses que aún lo recuerdan y se dijo que debía volver a cantar, aunque fuera por agradecimiento.
Ya tiene casi listo un nuevo disco, que recoge éxitos viejos y canciones que prometen convertirse en clásicas, como Regálame tu sonrisa, Clávame tu nombre y Segismundo . Una orgía de sonidos que mezcla elementos de balada, pop y gospel. Ya están hechos los arreglos instrumentales y se espera que el material salga del horno a fines de este año.
A sus 53 años, David conserva la voz intacta. Confía en que un día de estos volverá a amar, a pesar de que lleva dos relaciones disueltas. Por ahora vive solo, aunque a veces lo visitan David, de 25 años, y Tamsen, su hija menor, de 13 años. Sigue siendo introvertido, romántico y un poco llorón.
No le molesta que la gente crea que sus clásicos pertenecen a Hernaldo Zúñiga. “Hernaldo es bueno, me siento bien si me comparan con él”, explica. No obstante, se pone un poco arisco cuando alguien confunde su música con la de Valentino, pues considera que el costarricense solo sabía “fusilar canciones”.
El artista tiene doble personalidad. Por un lado es David Mercado, el cantante, y por otro, es Roberto Marenco (ahora sí usa el apellido de su padre), el abogado que debe usar calcetines. Eso sí, ninguno de sus dos “yo” se peina. Esa mata de pelo crespo es virgen desde hace unos quince años.
En Panamá le ha ido bien. Tiene una finca grande y una finquita en una isla. No se queja. Sin embargo, quiere volver a su país, aunque sea para morir en la tierra que lo vio nacer.

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