Por Jorge J. Muñiz Ortiz /EFE
Con el paso del tiempo la salsa ha venido evolucionando y es considerado uno de los bailes más pegados a nivel mundial. No importa la edad, sexo o la nacionalidad, este contagioso ritmo ha sobrepasado las fronteras de los países que dicen ser los pioneros en bailar a la perfección este género.
El hecho es que los orígenes del término “salsa” tienen varias teorías, sin embargo una de las más acertadas es la que se le atribuye al músico dominicano Johnny Pacheco, quien se refirió a ella como una mezcla de ritmos caribeños como la guaracha, mambo, pachanga, guajira, guagancó y chachachá. También se le oyó citarlo al fallecido músico Tito Puente, aunque solo se refirió a ella como un ingrediente culinario.
Pero en realidad el desarrollo, letras y movimientos de este peculiar género tienen que ver con el racismo, la emigración de cubanos, dominicanos y puertorriqueños a Estados Unidos, que son algunas de las temáticas con las que la salsa empezó a infiltrarse en los jóvenes que la bailaban en los clubes de Nueva York y Puerto Rico.
Tanto era el boom que orquestas de legendarios músicos como Tito Puente, Tito Rodríguez y Machito, y la de los hermanos Charlie y Eddie Palmieri eran los “platos fuertes” de los clubes Palladium, Cheetah y Copacabana, de la ciudad de los rascacielos durante las décadas de los cincuenta y sesenta.
MÁS PRESENTACIONES
Asimismo, las agrupaciones de Willie Colón, Bobby Valentín, Willie Rosario, “El Gran Combo de Puerto Rico”, además de los desaparecidos Ismael Rivera y Héctor Lavoe, se presentaban casi semanalmente en clubes en Nueva York como El Corso, Broadway 96 y Casablanca, durante las décadas de los setenta y ochenta.

Estas presentaciones en los clubes estadounidenses sirvieron como plataforma para que grandes cantantes de la actualidad como el panameño Rubén Blades, la cubana Celia Cruz y los puertorriqueños Cheo Feliciano, Ismael Miranda, Adalberto Santiago, Pete “El Conde” Rodríguez y Richie Ray, se convirtieran en las figuras emblemáticas del sello disquero Fania Records, fundado por Pacheco y el empresario Jerry Masucci en Nueva York, en 1964.
A raíz de la iniciativa de Pacheco y Masucci de crear ese sello, se abrió un espacio para organizar el grupo Las Estrellas de la Fania, donde estaban los mejores músicos del momento, como Roberto Roena, Ray Barreto y Papo Lucca, y cantantes de su sello.
La agrupación, dirigida por Pacheco, llevó la salsa al nivel más elevado de la música latina a todos los rincones. Incluso, llegaron a llenar el antiguo Yankee Stadium en Nueva York, en 1973, y un año más tarde, viajar a presentarse en el país africano de Zaire.
Parte del éxito que tuvo Fania Records se debió también al uso de composiciones del fallecido puertorriqueño Catalino “Tite” Curet Alonso, quien se dedicó a escribir temas en contra del racismo y sobre la raza negra, la emigración de los caribeños en busca del esperado “sueño americano” y el consumo de estupefacientes.
Desde esa época Curet fue considerado el compositor más importante de la música caribeña, pues autorías como Las caras lindas, La cura, Plantación adentro, entre otras canciones, aún permanecen en los oídos y memorias de los salseros.
SALSA ROMÁNTICA
Años después los cantantes Eddie Santiago, Frankie Ruiz, Gilberto Santa Rosa, Víctor Manuelle y Jerry Rivera empezaron a cantarle al amor, lo que generó grandes críticas debido a que los seguidores querían seguir bailando y escuchando el género tropical, provocando que los legendarios clubes de salsa en Nueva York y Puerto Rico cerraran.

Pero para rescatar la intensidad de la salsa, la radio Z93, de la isla caribeña, organizó desde 1983, el Día Nacional de la Salsa. Tanto así que se creó en el 2000, la Ley 100, donde se estableció el Día Nacional de la Salsa en Puerto Rico, como forma de rendir homenaje a este reconocido género musical.
Desde entonces, artistas como Héctor Lavoe, Willie Colón, Celia Cruz, Rubén Blades, Richie Ray y Bobby Cruz, entre otros, se han presentado en la isla caribeña durante la celebración.
Ver en la versión impresa las páginas: 3 B