La Convención Nacional del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), que se reúne mañana, es la última oportunidad que le queda al expresidente Arnoldo Alemán para retirarse con prudencia y dignidad y darle a esa formación política la posibilidad de recuperarse, inclusive de sobrevivir.
Si en la convención de mañana Alemán anunciara su retiro real y definitivo del PLC, este partido tendría la posibilidad de recuperar por lo menos una parte de la gran fuerza y la influencia popular que tuvo en el pasado. Por el contrario, si el expresidente Alemán se aferra a su pretensión de caudillo insustituible del PLC y se mantiene dentro del partido con el título de presidente o líder honorario, pero mangoneándolo de hecho por medio de fichas incondicionales, entonces el PLC seguirá deteriorándose de manera inevitable. Y si no es que desaparece, el PLC quedará cumpliendo la mísera función de zancudo principal si así le conviene a Daniel Ortega.
Sin embargo todavía hay una esperanza para el PLC y se encuentra en él mismo. No es nadie de afuera sino numerosos dirigentes del propio PLC, otrora partidarios incondicionales de Arnoldo Alemán por convicción o conveniencia, los que quieren salvar a su partido, para lo cual es indispensable que la convención de mañana mande a retiro al abatido pero terco caudillo liberal.
En términos generales los problemas políticos, ya sean de los partidos o de la nación, no son asuntos personales. Sin embargo, cuando las mismas personas, a título de caudillos, dictadores o líderes mesiánicos personalizan la política y convierten las instituciones en instrumentos de sus designios e intereses personales, entonces es imperativo resolver el problema extirpando a tal individuo de la institución en la que se han incrustado.
En un ensayo titulado Auge y Caída del PLC , contenido en la Biblioteca Virtual del expresidente liberal de Nicaragua, don Enrique Bolaños, este apunta que el PLC “alcanzó su destacado apogeo como líder de la esperanza en la construcción de una Nicaragua próspera, hogar de felicidad donde se pudiera esperar y recibir justicia y oportunidades por igual para todos. Pero los hechos visibles y palpables de hoy demuestran que las grandes decisiones que causaron —y siguen causando— la rápida caída desde esa cúspide a las derrotas y humillaciones que está sufriendo, fueron las cedidas por el caudillo liberal en mera negociación mezquina, en detrimento de la nación. El PLC ha vuelto a poner al liberalismo de espaldas a la historia. Las ambiciones personales de una sola persona se evidencian en su opulencia”.
El expresidente Bolaños se refiere obviamente a la desmesurada corrupción que Arnoldo Alemán y la cúpula de su partido practicaron en el poder; así como al pacto con el FSLN y Daniel Ortega, que le permitió a este recuperar y centralizar todos los poderes públicos: estatal, gubernamental y municipal.
Esa entrega de la democracia es imperdonable. No obstante, si los miembros del PLC quieren rehabilitar a su partido tienen que liberarlo sin falta del dominio caudillista del doctor Alemán. Ojalá pudieran hacerlo, no tanto por el interés de la nación sino de ellos mismos.
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