Pedro J. Chamorro B.
El término “sociedad civil”, que es un término que nos abarca a todos los nicaragüenses que no formamos parte de la institución militar, ha sido apropiado indebidamente por grupos de personas que dicen representar los intereses de la “sociedad civil”, quienes argumentan que son diferentes a los de los partidos políticos, a los que invariablemente critican, pero que íntimamente aspiran reemplazar algún día.
Los partidos políticos en una democracia representativa son la máxima expresión organizada de la sociedad civil. En ellos se agrupan aquellos ciudadanos de la sociedad civil que confiesan estar interesados en llegar al poder. Es decir, en poder cambiar las cosas que no les parecen en la República, cuyo nombre viene del latín y no significa otra cosa que “la cosa pública”.
Hay quienes se lanzan a la política y llegan lejos, otro se quedan cortos y a lo más que llegan es a criticar a los políticos. Pero para participar en política, invariablemente hay que tener un partido político y si entre la oferta actual, no hay uno que le simpatice, el ciudadano siempre se puede formar uno nuevo, o integrarse a uno que ya esté constituido pero en letargo, que no está ni cerca de llegar al poder y puede convertirlo con su entusiasmo y nuevas ideas, en un vehículo formidable.
Los ciudadanos de la sociedad civil que finalmente se lanzan al ruedo de la política, a menudo en contra de lo que le aconsejan sus familiares y amigos, persiguen el poder. Son muy pocos los partidos políticos que no quieren llegar al poder y muchos más, los que quieren y nunca lo lograrán.
La manera de llegar al poder en una democracia representativa es con votos: los votos son el termómetro de la popularidad de un político o de un partido, el cual a su vez representa a ese electorado organizado o simpatizante de un partido, que como él, son la máxima expresión organizada de la sociedad civil.
Esto nos lleva a la pregunta del encabezado de este artículo: ¿Quiénes son los que en una situación, como la que atraviesa actualmente, deben sentarse a dialogar?.
Si queremos ser totalmente incluyentes como sugieren algunos, llenaríamos la Plaza de La Fe con representantes de la sociedad civil, organizaciones gremiales, partidos, diferentes pastores y religiosos, artistas y comentaristas de TV y periodistas en general. A todos nos interesa la bienandanza del país.
Lógicamente, un diálogo así no conduciría a nada por más representativo que parezca. Entonces, es obvio que quienes tienen el deber y la responsabilidad patriótica de sentarse a dialogar por Nicaragua, son los líderes de los partidos políticos que hayan obtenido el mayor número de votos en las elecciones generales, pues son ellos los que gozan de mayor representatividad en nuestra imperfecta democracia.
No nos gusta…. Siempre está la opción de participar en política y hacer las cosas mejor que como la están haciendo los políticos actuales, que por lo menos tienen la honradez de decir que lo son y la valentía de lanzarse al ruedo asumiendo todos los riesgos que ello implica.
La apatía es el germen de las dictaduras. Si no participamos en política o apoyando a los políticos, quizás afloren quienes piensen que están llamados a llenar los vacíos políticos, a como ocurrió en los sesentas con los regímenes militares en una época que desplazaron a la “sociedad civil” en todos los países de América Latina.
Invariablemente argumentaban que la democracia había fracasado y ellos podían hacer mejor las cosas que los políticos, con la ventaja de que no tendrían que desgastarse para conseguir los votos, ni tendrían la necesidad de gobernar con una Asamblea Legislativa llena de políticos, ni tampoco tendrían la necesidad o convicción, de respetar todas las libertades ciudadanas.
El autor es Diputado de la Bancada Democrática Nicaragüense.