Twitter: @fabian_med
Si alguien se ha estado preparando ante una eventual desaparición de Hugo Chávez ese es Daniel Ortega. Probablemente Ortega vaya a extrañar esa amistad, tal vez eche de menos las ideas revolucionarias del coronel, sus largas alocuciones, sus ruidosas palmoteadas, pero no nos hagamos, lo que más va a extrañar son los millones de dólares que Venezuela envía a Nicaragua y que Ortega los ha convertido en suyos. ¿Cómo haría Ortega para seguir recibiendo los millones de Venezuela después de la desaparición de Chávez? Fácil. Ortega ha tenido el cuidado de convertirse en cobrador del dinero venezolano que se ha gastado en Nicaragua. Esa es su “prepa”.
PRESTAMISTA
Si la mayor preocupación de la oposición es que si el dinero petrolero se convertirá en deuda de Nicaragua con Venezuela, Ortega se ha encargado de aclararlo: no, no se le pagará la deuda a Venezuela. Se le pagará a él. De un tiempo para acá, Alba Caruna ha empezado a aparecer como el gran prestamista de cualquier institución del Estado y las alcaldías. Dinero que antes se gastaba como donación ahora se registra como deuda con Caruna, de tal forma que durante muchos años Ortega seguirá recibiendo millones de dólares que venían como donación y que por arte de magia transformó en un préstamo privado.
MONOPOLIO
La otra forma de hacer rendir el dinero venezolano ha sido vía precios del combustible. Ortega tiene el monopolio de la importación de petróleo a Nicaragua y de la distribución de combustible. Eso le permite castigar al país con el precio que le dé la gana porque no hay quién le haga competencia. Hoy por hoy Nicaragua tiene el combustible más caro de Centroamérica y compra el barril de petróleo más caro del mercado internacional. ¿Cómo llegamos a este punto?
CARICATURA
¿Qué pasa si llegamos a las próximas elecciones así como estamos? Con un Consejo Supremo Electoral totalmente desacreditado, con una oposición adormilada, sin ley que valga igual para todos, con un Frente Sandinista apropiado de todas las instituciones y con patente de corso para hacer las marrullas que quiera… Pues es sencillo, así no puede haber elecciones. Y si las hay, serían una caricatura.
CÁLCULO DE PODER
A mi criterio, el Frente Sandinista está calculando si puede llegar hasta ahí, así como está, que para ellos es el mejor escenario posible. Si logran sortear la presión internacional, si la economía no se descalabra según lo que suceda en Venezuela, y si la oposición sigue igual de timorata, pues… ¿para qué hacer cambios que abran la posibilidad de dejar el poder? Mejor la caricatura.
ALIADOS -OPOSITORES
Y tan caricatura parece que serán estas próximas elecciones, que los más interesados en inscribirse como “oposición” para participar en ellas son los aliados convenientes del Frente Sandinistas. Así que no se extrañe si en esa “elección” le toca votar entre el Frente Sandinista y partidos como el PRN, el Apre o los pescaditos de Agustín Jarquín, que han sobrevivido sin partidarios a la sombra de Daniel Ortega. Aliados-opositores. Un chiste.
TOMÁS BORGE
Independientemente de la opinión que de él tengamos, Tomás Borge es un personaje-símbolo de toda una época de nuestra historia reciente. Es la historia del joven rebelde que llega al poder, se endiosa, como él lo reconoció, y termina repitiendo las mismas tropelías que se supone alguna vez lo llevaron a tomar las armas. Carga sobre sus hombros graves acusaciones que nunca enfrentó en unos tribunales, pero no podrá eludir el juicio que la historia hará de su participación en esta época tan álgida que le tocó vivir. Y ser protagonista.
UN TIEMPO PARA TODO
Por principios, no me alegra la muerte de ningún ser humano. No celebraré la muerte de Fidel Castro, ni de Hugo Chávez, ni de Tomás Borge, por citar a tres personajes cuyas vidas penden de un hilo y cuyas actuaciones, en muchos de los casos, me parecen aberrantes y lesivas para la dignidad humana. Veo la muerte de un ser humano como un tiempo que a todos nos toca, tal como lo dice ese hermoso pasaje de la Biblia, el Eclesiastés: “Hay un tiempo para todo un tiempo para nacer, y un tiempo para morir; un tiempo para plantar, y un tiempo para cosechar; un tiempo para matar, y un tiempo para sanar…”.
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