Querida Nicaragua: Lo primero que se necesita para iniciar un diálogo es tener interés en arreglar determinado problema. Si no hay problema, no hay interés en dialogar.
El Gobierno con funcionarios, casi todos de facto, no parece tener interés. Los encuentros de pasillo entre los diputados operadores del orteguismo y los de la bancada Democrática no significan nada. “No han bajado orientaciones”, suelen decir los orteguistas.
Según me cuenta alguien cuyo nombre no quiero recordar, ha escuchado expresiones como esta de parte de algún juez: “Nosotros quisiéramos arreglar eso, fallar de una vez por todas, pero no hemos recibido la señal del comandante”.
Y en esto del mentado diálogo no hay ninguna señal.
El Gobierno no desea dialogar por tres razones. La primera: no tiene prisa, prefiere que la oposición se desgaste, quiere ganar tiempo y que se acerquen las elecciones municipales para “bajar orientaciones” a don Roberto, este convoca y agarra de sorpresa a los opositores, quienes tendrán que decidir entre ir a otras elecciones tipo tigre suelto contra burro amarrado, o perder la personería jurídica de sus partidos. Paréntesis. ¿Necesitó personería jurídica el FSLN para luchar contra Somoza?
La segunda: el Gobierno cree que todo marcha muy bien.
Miré los canales de televisión de la pareja gobernante y escuché las decenas de emisoras orteguistas en todo el país, se darán cuenta del mundo de maravillas en que vivimos. Aquí hay trabajo para todo el mundo, no hay nicas que se van por miles a Costa Rica en busca de trabajo, no hay exilios, ni tranques en las carreteras, ni asesinatos brutales en San José de Cusmapa, ni fallos judiciales que dan vergüenza.
En sus canales de televisión, donde todo es color de rosa, reparten viviendas, títulos de propiedad, entrevistan a los miembros de los Consejos del Poder Ciudadano para que digan que nunca ha habido un presidente como el compañero Daniel ni una primera dama como la compañera Rosario.
De modo que, como el país anda tan bien, el orteguismo no tiene interés en dialogar.
La tercera: Los comunistas nunca dialogan cuando se sienten fuertes. Ellos dialogan cuando están con el agua al cuello. ¿Se acuerdan de las pláticas de Sapoá? Ahí sí don Daniel y don Humberto fueron corriendo a sentarse con la Contra porque estaban débiles, la Contra les estaba ganando la guerra y los rusos les habían advertido que no había más ayuda. Las potencias se habían arreglado. El orteguismo estaba débil y corrió a negociar, a dialogar. Es la táctica comunista.
Cuando están fuertes no tienen interés en dialogar con nadie. Y aquí ya agarraron todo el poder. El ejecutivo, el judicial, el electoral, el legislativo con su aplanadora, la Contraloría, la Fiscalía, la Procuraduría de Derechos Humanos, la Alcaldía de Managua y cien más en los municipios. La torpeza y la ambición de algunos líderes permitieron que el comunismo se apoderara de la nación. De modo que un diálogo es difícil. A menos que ocurran sucesos imponderables. Uno de ellos podría ser el recio pronunciamiento del comité de relaciones exteriores del Senado norteamericano exigiendo que se aplique al Gobierno de Nicaragua la Carta Democrática Interamericana. Ese podría ser uno de los imponderables.
El autor es director general de Radio Corporación
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