El próximo mes de agosto abrirá sus puertas el nuevo complejo judicial de Managua. Allí estarán todos los juzgados de distrito y locales y también el Tribunal de Apelaciones. El nuevo edificio tiene un costo de 12 millones de dólares financiado al menos en un 70 por ciento por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Por fin, después de 40 años, los juzgados tendrán un espacio digno para operar. En 1972 el Palacio de Justicia fue destruido por el terremoto y desde 1980 funcionan en lo que fue el Centro Comercial Nejapa. Allí están apiñados en divisiones de ripios, con aires acondicionados que a veces hacen más bulla que otra cosa; las paredes son sucias, los locales pequeños e incómodos, para dar una descripción rápida de lo mal que se está en ese lugar. Pero todo debería cambiar en agosto. Al menos desde el punto de vista de las instalaciones físicas.
Porque si bien los juzgados van a ocupar un nuevo y moderno edificio, la Justicia está hoy viviendo sus peores momentos.
Comenzando por la cúpula, la Corte Suprema de Justicia, que está en ruinas institucionalmente, con solo ocho de los 16 magistrados que deberían componerla ocupando sus cargos constitucionalmente.
De los otros cargos, seis son usurpados mientras uno no ha sido llenado desde que el magistrado que lo ocupaba falleció y el otro cargo, el que ocupaba el magistrado Sergio Cuarezma Terán, está vacante porque solo él ha tenido la dignidad y entereza de reconocer que nada justifica la sinvergüenzada que están cometiendo sus excolegas. Tanto los que usurpan como los que se hacen de la vista gorda y comparten el espacio con ellos.
Pero la Justicia tiene ya rato de estar en ruinas. Desde el momento en que el hoy inconstitucional presidente Daniel Ortega como el otrora líder liberal Arnoldo Alemán decidieron dividirse todas las instituciones partidariamente sentaron las bases para la destrucción institucional del país.
¿Hay manera de darle vuelta a esta situación? Claro que la hay. El problema es que el Inconstitucional, que es quien hoy tiene la sartén por el mango, cree que todo va de maravilla. Tan nublada está su visión que cree que por sí solo —y con el apoyo de su esposa— se basta para mandar. Y para mandar sí es posible que se baste, pero no para impulsar a este país por la senda del desarrollo y salir de la pobreza.
Sin embargo, lo más triste es que el resto de nosotros estamos como entumidos. Quizá porque nos hemos acostumbrado a vivir en crisis permanente —provocada muchas veces por el Inconstitucional— este período de relativa tranquilidad y estabilidad económica que obedece a circunstancias exógenas y no permanentes, también nos tiene con la visión nublada. Junto con el Inconstitucional estamos quizá creyendo que la institucionalidad es algo que puede estar o no, que no es indispensable, si al fin y al cabo al relajo nos hemos acostumbrado. Recuerdo que hace años se discutía todavía si la Corte tenía o no cuórum cuando la componían 12 magistrados. Ahora solo quedan ocho legales y nadie dice ni pío.
Nadie lo dice entre los nicaragüenses, mucho menos que lo digan los extranjeros. El BID está entregando un edificio a una Corte Suprema ilegal pero ¿qué le queda? Si no nos molesta a nosotros, menos que les moleste a ellos. Su trabajo es prestar plata, ni siquiera es cobrarla porque como son préstamos a tantos años y con intereses tan bajos que los funcionarios actuales no tendrán que lidiar con eso.
Eso sí, ellos podrán mostrar el fruto de sus gestiones. El edificio está ahí. Pero nosotros, como nicaragüenses, seamos orteguistas o liberales o sin simpatías políticas —pero todos necesitados de un sistema judicial independiente y respetuoso de las leyes y del debido proceso— no tenemos nada más que mostrar que ruinas.
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