Francis García /Kreimann/Agencias
La llegada del papa Benedicto XVI a México no ha generado tanto interés mediático, ni entre los católicos como su llegada a Cuba, que será este lunes. De hecho, los mexicanos no habían mostrado tanto entusiasmo con la llegada del sumo pontífice ayer a León (Estado de Guanajuato, un bastión católico y conservador en el centro del país) como lo hizo en sus cinco visitas su antecesor, el papa Juan Pablo II.
Los vendedores ambulantes que ofrecen medallas, lápices, camisetas y platos con la imagen del papa, esperaban desde el jueves el comienzo de sus ventas. “No es como Juan Pablo II, cuando todo se agotaba”, expresó Eduardo Mena, mientras mostraba una camiseta con la imagen del pontífice, cuyo precio rebajó de 150 a 50 pesos (unos 4 dólares). Mena comentó que apenas era un niño cuando su mamá lo llevó a Ciudad de México para asistir en 1979 al primer viaje que Juan Pablo II realizó a este país. “Ese sí era todo un papa”, apuntó.
El arzobispo de León, José Martín Rábago, pidió a los fieles evitar las comparaciones entre ambos papas. “Cada uno tiene su carisma y su propio estilo”, dijo a periodistas, al ser interrogado sobre el tema.
LUCHAR CONTRA EL NARCOTRÁFICO
En su primer discurso en el país azteca, el papa reclamó que ningún poder desprecie la dignidad de toda persona humana y llamó a los católicos a reafirmar su fe.
El sumo pontífice afirmó que rezará “particularmente por los que sufren a causa de antiguas y nuevas rivalidades, resentimientos y formas de violencia”, aludiendo a las guerras de la droga que desangran a México y que han dejado desde diciembre de 2006 más de 50,000 muertos como resultado de luchas entre los cárteles y la represión militar.
El presidente Felipe Calderón, que recibió al papa en el aeropuerto de Silao, le dijo que su visita “alentará el esfuerzo de los mexicanos y reconfortará su alma”, al indicar que este pueblo “ha sufrido la violencia descarnada y despiadada de los delincuentes”. “A pesar de todo, México está de pie”, dijo el presidente, aplaudido por los 3,500 invitados que asistieron a la ceremonia en el aeropuerto.
Ayer, en el aeropuerto en Roma, el papa usó el bastón, aparentemente por primera vez en público, al recorrer a pie los 100 metros entre el helicóptero que lo llevó a la pista de vuelo y la escalinata del avión.
Un grupo de empresarios del calzado regalará al papa seis pares de zapatos rojos (el color favorito del sumo pontífice) fabricados con piel de becerro, como parte de la larga lista de obsequios que incluyen una pintura de la Virgen, un sombrero y máscaras típicas.
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El papa, quien fue recibido en Guanajuato con mariachis, bailes folclóricos y vivas, aludió a las tensiones en torno al creciente laicismo en México. La Ciudad de México ha aprobado en los últimos años leyes que despenalizan el aborto antes de las 12 semanas de embarazo y autorizan el matrimonio con plenos derechos de personas del mismo sexo.
Benedicto XVI señaló su esperanza en que “este pueblo haga honor a la fe recibida y a sus mejores tradiciones”, ante la disminución de las prácticas religiosas que se registra en el país. El papa se refirió al Cristo del Cubilete, una majestuosa imagen religiosa en León, el cual, dijo, “manifiesta la raigambre de la fe católica entre los mexicanos”. Ese monumento fue bombardeado en 1926 durante la insurrección de los “cristeros” (1926-1929) y posteriormente fue reconstruido.
En el viaje, a bordo del avión papal, el sumo pontífice exhortó a “desenmascarar las falsas promesas y las mentiras” de los narcotraficantes en México, algunos de los cuales dicen ser católicos. “El problema del narcotráfico y la violencia es una gran responsabilidad para la Iglesia de este país con 80 por ciento de católicos”, subrayó.
Hay que “hacer todo lo posible contra este mal destructor de nuestra juventud”, insistió.
MARXISMO FUERA DE REALIDAD
La segunda gira del papa Benedicto XVI a América Latina (la primera fue en 2007 a Brasil), se centrará en la llegada del santo padre a Cuba, quien recibió al papa Juan Pablo II en enero de 1998, la primera vez que un sumo pontífice visitaba la isla. Esta visita marcó el deshielo en las relaciones entre la Iglesia católica y el régimen comunista tras cuatro décadas de enfrentamiento.
El papa Benedicto XVI manifestó ayer, camino a México y Cuba, que en este último país, una nación comunista donde el 10 por ciento de los 11.2 millones de cubanos se reivindica católico, la ideología marxista como era concebida ya no responde a la realidad y que la Iglesia está dispuesta a ayudar a la construcción de una nueva sociedad.
Ese proceso, dijo, exige paciencia y decisión y “queremos ayudar con espíritu de diálogo constructivo para evitar traumas”. Abogó por ayudar a la construcción de una sociedad fraternal y justa y reiteró que “en ese sentido queremos colaborar”.
El papa recordó que Juan Pablo II pronunció en su viaje la famosa frase: “Que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba” y para Benedicto XVI esas palabras son “de absoluta vigencia”.
Después de 40 años de enfrentamiento con la revolución de Fidel Castro, la Iglesia exhibe hoy su voluntad de participar en las reformas modernizadoras del Gobierno que, a cambio, le permite aumentar su campo de actividades religiosas, culturales y sociales. “Es evidente que la Iglesia está siempre del lado de la libertad de conciencia, de la libertad de religión”, subrayó el papa, y aseguró que en Cuba “los fieles católicos contribuyen a avanzar por esa senda”.
RESPETO A IDEAS DEL PAPA
El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, manifestó que “consideramos útil el intercambio de ideas”, al acoger “con respeto” las opiniones de Benedicto XVI sobre la ideología marxista y añadió que el “proyecto social” de Cuba es “democrático” y “genuino” y está “en constante perfeccionamiento”.
El régimen comunista y la oposición —toda ilegal— aguardan un apoyo del mensaje de Benedicto XVI. “Todos harán lo que puedan para usar la visita del papa en su provecho”, resume Michael Shifter, de Diálogo Interamericano.
“El Gobierno tiene la oportunidad de proyectar una imagen de mayor apertura hacia el resto del mundo y de reforzar su legitimidad, y la Iglesia, que la visita le sirva de palanca para impulsar sus demandas de mayor apertura y reformas en Cuba”, dice Shifter. Solo “los cubanos comunes no tienen grandes expectativas de que (la visita) conduzca a un cambio, al menos en el corto plazo”, agrega.
La organización Human Rights Watch (HRW) instó este viernes al gobierno cubano a frenar la represión contra los disidentes en vísperas de la visita del papa Benedicto XVI. Por su parte, el Gobierno de Cuba aseguró que presentará en la televisión “pruebas contundentes” de los intentos de Estados Unidos y grupos anticastristas de Miami para “obstaculizar” la visita del papa Benedicto XVI a la isla, según un portal oficialista.
Los líderes de la santería y otras creencias afrocubanas esperan con respeto, pero sin mayores expectativas la visita del papa a Cuba, un país de fuerte sincretismo religioso donde se estima que más del 70 por ciento de sus creyentes tiene algún vínculo con esos cultos.

