Luis Alberto Ambroggio
Vale la pena acercarse al poema de Robert Pinsky, La Refinería, que he tenido el gusto de traducir, trabajando juntos en su reencarnación al castellano.Tuve suerte al poder contar con el diálogo personal y su presencia en este proceso misterioso de embrujo, misterio, acto de alquimia y contradicción (el “traductor, traidor” clásico) que es la traducción, algo que no pude hacer con Dylan Thomas, William Carlos Williams, D.H. Lawrence y otros poetas que he traducido.
Una vez más me acosó la preocupación de ¿cómo se puede captar, descifrar y transmitir la fuerza lingüística y poética de sus versos a otra lengua? provocándome a contemplar –como Ortega y Gasset en su célebre ensayo Miseria y esplendor de la traducción— la funesta posibilidad de que “la faena de traducir [sea] una operación utópica y un propósito imposible”.
Robert Pinsky, denominado el último de los poetas “cívicos” o “públicos” de su generación, con publicaciones como su libro Democracia, Cultura y la voz de la poesía (Princeton: 2002), nos conduce en La Refinería, de una forma innovadora, a navegar o volar en la infinidad de posibilidades que ofrece el lenguaje poético