El gobierno de centro derecha de Chile, del presidente Sebastián Piñera, rectificó ayer una decisión anterior para suprimir oficialmente el calificativo de dictadura al régimen militar del general Augusto Pinochet de los años 1973 a 1990.
El 9 de diciembre pasado, el Consejo Nacional de Educación de Chile aprobó una propuesta del presidente Piñera, de suprimir en los textos de enseñanza del primero al sexto año básico, en las áreas de Historia, Lenguaje, Comunicación, Geografía, Ciencias Sociales y Matemáticas, así como en los quinto y sexto básicos para la enseñanza del idioma inglés, el calificativo de dictadura militar al gobierno de Pinochet a fin de llamarlo simplemente como régimen militar.
Semejante decisión gubernamental fue rechazada airadamente por organismos defensores de los derechos humanos, partidos de oposición y otros sectores políticos y sociales de la izquierda chilena, que aun fuera del gobierno es poderosa e influyente. Inclusive parlamentarios de derecha criticaron la medida gubernamental que a todas luces era desacertada, pues no se puede borrar de la historia chilena y mundial que el régimen militar del general Augusto Pinochet fue una feroz dictadura criminal.
La fuerte presión pública obligó al gobierno del presidente Sebastián Piñera a rectificar su error, de manera que el jueves de esta semana el mismo Consejo Nacional de Educación aprobó una nueva propuesta gubernamental, la cual dejó sin efecto la controvertida disposición aprobada el 9 de diciembre pasado.
Esa es la manera correcta de actuar de un gobernante verdaderamente democrático, que es receptivo a la crítica pública y tiene capacidad y voluntad de rectificar una medida gubernamental cuando es rechazada o percibida como inapropiada por los ciudadanos. Además, dictadura es dictadura, independientemente de que sea de izquierda o de derecha, comunista o capitalista, revolucionaria o contrarrevolucionaria.
Dictadura era el régimen nazifascista de Adolfo Hitler en Alemania y dictadura fue el régimen comunista estalinista en la Unión Soviética, aunque el primero fuera de ultraderecha y respondiera a los intereses del gran capital monopolista germano, y que el segundo fuera enemigo mortal del capitalismo y se proclamara como representante genuino del proletariado ruso y mundial. Pero además, dictaduras no son solo aquellas como la hitleriana y la estalinista que fueron absolutamente totalitarias y extremadamente criminales, sino también regímenes populistas que han surgido mediante el voto popular y aparentan algunas formalidades democráticas, pero en el fondo y por sus acciones fundamentales son verdaderas dictaduras.
Los gobiernos autoritarios de la nueva ola populista en América Latina, incluyendo al de Nicaragua, dicen ser democracias porque no asesinan a los opositores y permiten que algunos escriban y digan lo que piensan. Pero esos gobiernos violan la Constitución, concentran todos los poderes del Estado, partidarizan la justicia, eliminan el Estado de Derecho y otros atributos que son indispensables para que pueda existir y funcionar una auténtica democracia. Y por lo tanto son dictaduras, de mediana o baja intensidad, pero dictaduras al fin.
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